Dentro del complejo panorama mundial es positivo que el Gobierno insista en avanzar las negociaciones bilaterales con la Unión Europea y China al más alto nivel.
En el primer caso, ha quedado demostrado que la negociación en bloque entre la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y la UE es tremendamente dificultosa, tanto por los obstáculos que pone el presidente boliviano Evo Morales, cuanto por la diferencia de enfoques ideológicos entre los países miembros.
Perú y Colombia, efectivamente, se adhieren a los principios de la economía de libre mercado y de apertura comercial, mientras Bolivia insiste en una política estatista más cerrada. En cualquier caso, los representantes peruanos dejan en claro que el foro de la CAN podría ser útil para promover el acercamiento político y la cooperación, pero no para la integración comercial, lo que al parecer es ahora mejor entendido por los europeos.
Ya con China, el Perú tiene que insistir en destrabar los puntos conflictivos, como la cooperación aduanera, pero teniendo en cuenta la necesidad de flexibilizar la desgravación arancelaria para nuestros productos de agroexportación.
Como en el TLC con EE.UU., las negociaciones pueden ser arduas, pero estrictamente necesarias para abrir mercados y generar más empleo. Por ello, saludamos la voluntad política del Gobierno de persistir en negociaciones bilaterales, lo que debe ser acompañado por el reforzamiento de los equipos técnicos y el mayor involucramiento de los agentes económicos.