Por Aurelio Ochoa Alencastre. Doctor en geología
El escaso atractivo geológico que hoy tendría nuestro país para las grandes petroleras internacionales quedó confirmado en la última subasta de lotes petroleros. Van pasando los años y no presentamos al mundo ningún descubrimiento importante que sirva de incentivo, pese a los altos precios del crudo.
Plausible fue el esfuerzo de Perú-Petro, en reciente subasta internacional y en prístina modalidad de adjudicación, empero, los discretos resultados alcanzados (solo 9 consorcios o empresas para 17 de 22 lotes ofertados) inducen a reflexionar sobre futuro de la contratación petrolera.
En la exploración por hidrocarburos no solo es cuestión de firmar más o menos contratos, o anunciar recurrentemente grandes inversiones potenciales que generalmente poco se concretizan, sino perforar pozos exploratorios, únicas herramientas válidas en el mundo para descubrir petróleo o gas.
El Perú tiene uno de los promedios más bajos en perforaciones: solo 6 pozos exploratorios anuales en el último septenio. Colombia en cambio perforará este año más de 90, hasta junio último ya tenía 46.
El escaso esfuerzo exploratorio explica por qué, en los últimos 30 años, no se producen descubrimientos importantes de hidrocarburos, exceptuando Camisea y petróleos pesados de la selva norte. A ello se añade la concentración de numerosas y extensas áreas exploratorias en manos de pocos actores, como es caso del zócalo continental, donde un licenciatario es titular de once lotes, aunque perforando solo en uno.
Un ejemplo emblemático sobre la optimización en contratación petrolera es Brasil. La consultora canadiense Wood Mackenzie (El Comercio, 10/8/07) señaló que mientras Perú había concesionado 486.000 km2, Brasil lo hacía con 295.000 kms2.
Sin embargo, en tanto el Perú comprometía casi 40% de su territorio para solo 64 lotes, nuestro vecino lo hizo para 557 licencias, con menos del 4% de su superficie. ¿Nueve veces más lotes con solo el 60% del área peruana?
Las diferencias abismales no terminan allí. Nuestros ínfimos descubrimientos --por la escasa exploración en grandes extensiones , retenidas por pocos actores (varios lotes con más de un millón de hectáreas y ningún pozo perforado)--, contrastan con los espectaculares descubrimientos brasileños en el zócalo continental: los yacimientos Tupi y Carioca con reservas estimadas en 8.000 y 33.000 millones de barriles (MMB) de petróleo.
En cambio, nuestras reservas probadas totales no sobrepasan 400 MMB, modestísimas cifras que nos obligan a ser importadores netos de hidrocarburos, con una balanza comercial negativa de US$1.466 millones (2007). Igual o peor situación puede darse en el futuro con el gas natural, si no descubrimos volúmenes adicionales, para reformular a tiempo nuestra política hidrocarburífera.
Finalmente, estamos viendo la restricción de abastecimiento de gas natural en el aparato productivo. Mientras en Lima hay escasez por la saturación del ducto, en Talara viene arrojándose a la atmósfera volúmenes de un valioso recurso que bien pudiese utilizarse en petroquímica o termoelectricidad.
Perú-Petro reconoce un venteo (prohibido) de 12 millones de pies cúbicos diarios, empero, cualquier simple cálculo del GOR (relación productiva gas/petróleo) nos dará cifras 5 o 6 veces mayores.
Una reingeniería implica revisar las políticas de supervisión contractual y de fiscalización ambiental en manos de Osinergmin.