Por Daniel San Román. Ruedas y Tuercas
La cuarta etapa se definió dos horas antes de que se diera la partida. Neto Jochamowitz decidió, a las cuatro de la madrugada de ayer, no seguir corriendo. Tras enterarse de que el pedido de apelación que presentó fue derivado a la federación, por lo que la repuesta vendría muchos días después de finalizada la carrera, Neto decidió no seguir.
Con la autoexclusión de Neto, la ventaja de Pardo --de cerca de 18 minutos-- se validaba al máximo y no dependía de una rectificación. Con esta tranquilidad salió sin mayores apuros en la Cusco-Arequipa.
Con un Impreza que, más allá del problema del diferencial central, no se había quejado en todo el Gran Premio, Tito sabía que le bastaba andar ligero para llegar primero a la antesala de la definición. Y si bien la intención fue esa, la pasión pudo más, por lo que terminó primero en la etapa y más líder que nunca (gracias al abandono de su escolta Richard Palomino).
TROTE TRANQUILO
"Ha sido una etapa sin mayores problemas pese a que nos quedamos sin frenos y sin hidráulico. Lo importante es que ya estamos en Arequipa y listo para la definición", admitió Pardo, tras su llegada.
Ricardo Dasso, segundo en la clasificación, por su parte, se mostró mucho más sereno que en la etapa anterior y a su arribo tan solo atinó a decir: "Tuvimos problemas de gasolina y perdimos nuestras opciones. Aun así cuando uno pierde legalmente no hay nada que reprochar".
Con los ánimos más calmados, tal vez a costa de penalizaciones, la penúltima etapa de Caminos del Inca ha transcurrido en un inusual ambiente de camaradería.
En las demás categorías las tendencias de la etapa anterior se respetaron: Matos siguió dominando en la N4 Light, Tijero en la N2 y Ferrand en Camionetas.
De no ser por las espectaculares remontadas de Luis Zapler (quien fue el cuarto piloto más rápido del día) en la Turismo Superior, que le arrebató el liderato a Sullca, y Arrieta, que hizo lo propio con Cruz, en la Súper 1600, en las otras categorías la carrera habría pasado por el mero formalismo.
En resumen, final más o menos cantado de la prueba más tradicional.