Calmar a una persona a la que de pronto le dicen que tiene cáncer no es fácil. Hay que tener el alma fuerte para no sucumbir y transmitir al paciente el ánimo que de un zarpazo se le ha extinguido. Como si esto fuera poco, la tarea de apaciguamiento de dolores se extiende hacia los consternados familiares.
En el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) esas almas fuertes y a la vez bondadosas tienen nombre de mujer y llevan un gran lazo azul en el pecho. Se trata de las damas voluntarias de la Alianza de Apoyo al INEN. El detalle está en que más del 50% de las 650 voluntarias son adultas mayores. A más años, más solidarias.
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Ellas luchan contra el cáncer y sus armas son el amor y la solidaridad