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ESPECIAL. ESPERANDO EL DESHIELO

La batalla por el Ártico

Cinco naciones reclaman soberanía sobre una región que alberga un cuarto de las reservas mundiales de gas y petróleo. Científicos pronostican que la capa de hielo desaparecerá en el 2020

Por Erik Struyf Palacios. Corresponsal

BRUSELAS. Hasta hace algunos años la región ártica (Polo Norte) era, ante todo, un extenso océano cubierto por gruesas y perennes capas de hielo que lo hacían prácticamente inaccesible. Debido al aumento de la temperatura del planeta, la banquisa ártica se viene descongelando a un ritmo tan acelerado que algunos científicos pronostican su completa desaparición, en período estival, para el 2020. Las colosales reservas de hidrocarburos que el fondo marino ártico atesora quedarán pronto al alcance del hombre y nuevas vías marítimas y rutas comerciales serán transitables. En consecuencia, una región antes reservada a osos polares se convertirá en una de las más codiciadas del planeta.

El martes 16, el centro estadounidense de información sobre la nieve y los glaciares (National Snow and Ice Data Center) informó que la banquisa ártica sufrió, por segundo año consecutivo, un nivel de deshielo jamás observado en el pasado. En el 2008, la superficie mínima de hielo se redujo en 15% respecto del 2005 y en un 33% respecto de los mínimos observados entre 1979 y el 2000. El verano de este año ha sido también el primero durante el cual el Paso Noroccidental (costas canadienses) y el Paso Nororiental (costas siberianas), generalmente bloqueados por el hielo, estuvieron simultáneamente abiertos.

Apresurados por el ritmo inusitado de los deshielos, los cinco países con costas en el círculo polar ártico --EE.UU. (Alaska), Canadá, Rusia, Noruega y Dinamarca (Groenlandia)-- han comenzado a desplegar esfuerzos (científicos, diplomáticos e incluso militares) para afianzar su posición en la región y encontrar el respaldo necesario para sus reivindicaciones territoriales. En un documento presentado en la Cumbre Europea de marzo de este año, el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Javier Solana, advirtió: "El aumento de la accesibilidad a los enormes recursos de hidrocarburos en la región del Ártico está cambiando la dinámica geoestratégica de la región, con potenciales consecuencias para la estabilidad internacional y la seguridad de los intereses europeos".

LA OFENSIVA RUSA
El pistoletazo de salida en pos del Ártico 'descongelado' lo dispararon los rusos a mediados del año pasado, cuando la expedición formada por el buque científico Akademik Fedorov y el rompehielos atómico Rossia logró el descenso de dos minisubmarinos hasta el fondo del Océano Polar Ártico (a más de 4.000 metros de profundidad) para recoger evidencias de que el lecho marino es una prolongación de la plataforma continental siberiana. Los científicos dejaron plantada una bandera rusa de titanio en el fondo del mar como símbolo de las reivindicaciones de Moscú.

Las reacciones de los otros cuatro países árticos no se hicieron esperar. Washington, a través del portavoz del Departamento de Estado Tom Casey, comunicó al instante que "una bandera plantada bajo la banquisa ártica no tiene ningún valor jurídico". El ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, Peter MacKay protestó con sorna: "No estamos en el siglo XV, no se puede ir por el mundo plantando banderas y reclamando la posesión de un territorio". Y casi en paralelo a las críticas contra Moscú, Canadá, EE.UU. y Dinamarca lanzaron millonarias campañas de exploración geológica en el Ártico. El 21 de agosto último una misión científica conjunta de EE.UU. y Canadá, integrada por más de cuarenta científicos, geólogos y geofísicos, partió rumbo al mar de Beaufort (a la altura del Yukon y Alaska) para estudiar el relieve marino y recolectar datos que permitan conocer la naturaleza de la plataforma continental del oeste del Ártico.

LA CONVENCIÓN DEL MAR
Por el momento, la batalla por el Ártico se libra sobre todo en el terreno científico. En virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, las fronteras exteriores de los países árticos han quedado limitadas a una zona económica exclusiva de 200 millas marinas calculadas a partir de sus costas. Sin embargo, un Estado puede extender su soberanía en 150 millas adicionales si llega a probar que su plataforma continental (la prolongación natural del continente cubierta por aguas poco profundas) constituye una prolongación de su masa terrestre. "En ese afán se encuentra Rusia, pero también los otros estados árticos quieren hacer valer sus derechos, con el resultado obvio de que las reivindicaciones territoriales se superpondrán", explica Susanne Lalonde, experta en Derecho Internacional de la Universidad de Montreal.

En el 2002, Rusia ya se presentó ante la comisión ad hoc de la ONU para alegar que la cordillera Lomonosov, una cadena de montañas submarinas que divide el Océano Ártico y se extiende a lo largo de 1.800 kilómetros, es una continuación de la cordillera siberiana y reclamar, en consecuencia, la soberanía exclusiva sobre una vasta porción del Polo Norte equivalente a la superficie del Perú. Sus argumentos no convencieron, pero el próximo año está prevista una segunda cita.

Para Walter Roest, director del Departamento de Geociencias Marinas del Instituto Francés para las Investigaciones Relativas a la Explotación del Mar (IFRE), la postura rusa es defendible pues hace decenas de millones de años la cordillera Lomonosov era contigua a las cordilleras siberianas, como lo revelan la similitud de sus rocas graníticas. El movimiento tectónico de placas habría alejado a la cadena de montañas de Siberia y la habría unido a las plataformas continentales hoy pertenecientes a Canadá y Dinamarca (Groenlandia), lo que da sustento a las reivindicaciones de estos dos países.

Además de los litigios relativos a la propiedad del fondo marino, el deshielo de la banquisa ártica provocará tensiones entre estados por el uso de nuevas vías marítimas. Ottawa ha reiterado que no reconocerá como perteneciente a las aguas internacionales el Paso Noroccidental, una ruta marítima que se abre entre las islas del norte de Canadá y que une el Atlántico y el Pacífico. Según Susanne Lalonde, "el objetivo del Gobierno Canadiense no es prohibir la navegación sino mantener el control sobre el paso para imponer sus estándares medioambientales a los estados que quieran transitarlo".

Un codiciado tesoro
De acuerdo con los cálculos más recientes de la Agencia Gubernamental Estadounidense de Investigación Geológica (USGS), publicados a fines de julio de este año, el Ártico alberga un 22% de los recursos energéticos no descubiertos, pero técnicamente explotables del planeta.

En los fondos marinos del Polo Norte yace el equivalente de 90 mil millones de barriles de crudo, lo que constituye el 13% de las reservas mundiales estimadas de petróleo. La región acumula también 47 mil millones de metros cúbicos de gas natural (30% de las reservas) y 44 mil millones de barriles de gas natural licuado (20% de las reservas). Además, en el lecho marino del Ártico se esconden minerales (oro, níquel, cobre) y diamantes.

Esta región casi virgen del mundo atesora una rica, pero frágil, biodiversidad. Los medioambientalistas temen que a las nefastas consecuencias del calentamiento del planeta sobre el Ártico se sumen en un futuro próximo los efectos de una explotación irresponsable de sus riquezas.

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