Por Julio Escalante Rojas
Los números dominan la vida de la familia Mallqui. José tenía 23 años y Bertha Naupay 17 cuando se casaron en 1953. Ambos habían nacido en Huánuco y se conocieron en Lima. Tuvieron cuatro hijos y un sueño.
Luego de tres años en Lima, un veinteañero José Mallqui que había probado suerte en varios oficios, comenzó a trabajar en una empresa que vendía instalaciones eléctricas para casas. Allí aprendió. "Trabajaba a voluntad, no me preocupaba ni del pago", dice hoy a los 79 años, luciendo anteojos y un traje oscuro. Lo que le sobraba a José era talento de vendedor y vocación para el negocio. Luego se independizó, porque sabía que "la electricidad mueve a todas las industrias y su línea de productos es infinita". Al inicio solo él y su esposa llevaban la empresa. José se multiplicaba: importaba y recibía la mercadería, luego embalaba y repartía. Y así, en tiempos del 'boom' pesquero fue edificando la herencia de su familia: Promotores Electrónicos (Promelsa).
En ese ambiente creció su primer hijo Máximo Alí, entre focos y tomacorrientes, sin saber que su padre luego vendería y fabricaría transformadores para la gran industria, y sin saber que algún día él mismo estudiaría Ingeniería Eléctrica. Lo mismo pasó con su tercer hijo, José Ángel, que no sabía leer pero ya podía diferenciar entre los tipos de electricidad de los equipos y la utilidad de los cables. "Cuando la gente del almacén acomodaba las cosas él preguntaba todo", recuerda un orgulloso papá.
CIRCUITO DE ENERGÍA
Cuando en los años 70, José Mallqui compró la fábrica Elkon se la encargó a sus hijos, para él seguir con Promelsa. Luego en los años noventa, los cargos se definieron. Desde allí Máximo Alí es el gerente de operaciones, Betty la gerenta de finanzas, José Ángel el gerente comercial, y Gloria, la última hija, la gerenta de recursos humanos. Papá conservó la gerencia general y su esposa la presidencia del directorio. "Asumieron los puestos de acuerdo con sus capacidades", dice. Hoy cuando José Mallqui quiere referirse a su hijo mayor, prefiere llamarlo "el ingeniero Alí". Será porque cuando se habla de temas empresariales, el parentesco solo es un cargo ejecutivo.
Todos los martes hay reuniones de trabajo, se discuten números y la señora Bertha dice que lo más valioso que han aprendido sus hijos, ha sido la honestidad, la puntualidad y el buen cumplimiento "Cumple con tus clientes, paga tus impuestos y dormirás tranquilo", les decía siempre su esposo. Así han logrado facturar US$20 millones al año.
Con premios recibidos en Río de Janeiro, París, Nueva York, y con 12 nietos (el mayor de ellos estudiando Administración), es momento de que la tercera generación se prepare. Mientras tanto José Mallqui, que no ha dejado de viajar un solo año desde 1973, hoy tiene tiempo suficiente para seguir subiendo a los aviones con su esposa. Ellos van a ferias, ven productos que podrían comprar y luego distribuir en el Perú, traen catálogos, y los hijos deciden. "Viajamos solo a dar una vueltita", dice la señora Bertha. Nada les quita la energía.
MIS CLAVES
4Antes los equipos eran enormes, ahora son de menor tamaño y han sumado funciones. Por eso capacitamos al personal en el extranjero.
4Desde el inicio apuntamos a grandes clientes. Hoy si, alguien quiere equipos para una subestación eléctrica en el sitio más alejado, se los llevamos.