Por Pedro Ortiz Bisso
En la semana de los médicos intransigentes y del ministro boquifloja --cuya sutileza en el trato es comparable con las habilidades dancísticas del 'Puma' Carranza--, hubo una noticia que pese a haber quedado refundida en las páginas interiores de los diarios, no pierde relevancia porque certifica hasta dónde puede llegar la insensibilidad de la burocracia en el país: el dinero recaudado en el concierto "Canto por el sur" en favor de los damnificados del terremoto de agosto del 2007 (unos dos millones de soles) se mantiene congelado en una cuenta bancaria porque no existe un proyecto adecuado para usarlo.
Si el dinero obtenido en una cita benéfica no se ha podido gastar luego de más de un año de la tragedia, ¿qué destino habrán tenido otras donaciones recibidas tanto del país como del exterior? ¿También se encuentran en lista de espera de un proyectito salvador?
Durante meses el país fue testigo de la guerra absurda e inútil que el Gobierno Regional de Ica le declaró al Forsur, en busca de conseguir el manejo de la reconstrucción. No se entiende para qué quería tanta responsabilidad si salta a la vista que carece de los recursos humanos y materiales para dar un uso eficiente al dinero. Ni la propia emergencia justifica este inmovilismo burocrático, tributo máximo a la indolencia, más aun tras las enormes y conmovedoras muestras de generosidad que se multiplicaron por el mundo luego de que la tragedia enlutara al país. Es un crimen imperdonable que con tantas personas hacinándose en carpas minúsculas, casi a la intemperie, haya tanto dinero avejentándose en una caja fuerte.
Esta historia es la perfecta demostración de cómo funciona el Estado en nuestro país. Y es la justificación de porqué las instituciones generan tanto rechazo y desconfianza entre la gente. Pero no solo insensible es el burócrata, lo es también quien se disfraza de damnificado para cobrar el bono de seis mil soles del Gobierno a fin de terminar de construir el segundo piso de su casa, como ha sucedido en Chilca, en un caso en el que hasta el alcalde del distrito está involucrado.
La reconstrucción del sur nos ha revelado otra tragedia peor: hasta qué grado puede llegar lo más oscuro de la miseria humana.