Pocos se atreven a hablar del día en que mataron a 'Toto' Quinteros. El sol cae sobre San Juan del Lurigancho la tarde del último martes y en los alrededores de la Manzana 115 de la zona de Huáscar apenas sueltan balazos al aire: "Solo escuché disparos, estaba durmiendo" o "sé que mataron a alguien, pero no sé a quién", dicen. Hay también vecinos que se niegan a hacerlo por una sola razón: desde el crimen, hablar con la prensa los ha convertido también en víctimas potenciales. En una cabina de Internet situada a solo tres casas de donde todo ocurrió, las amenazas a sus dueños no cesan, y en un billar algo más alejado, diez jóvenes miran mal a los extraños.
Quizá quieren olvidarlo, pero la realidad es inocultable: Jorge Aniceto Quinteros Valentín (40), uno de los más peligrosos delincuentes del distrito, murió allí de tres balazos en la espalda y el cráneo el pasado domingo, a manos de un hombre cuya cabeza tiene hoy un precio alto pero cuyo rostro es, de momento, indescifrable. Era de madrugada y 'Toto'--padre de cuatro hijas, una de las cuales llegó de España y financió el sepelio-- estaba con dos mujeres con las que había salido de su casa horas atrás. Tenía la pistola cargada e ignoraba que cuatro personas le seguían los pasos, sigilosamente, para acabar con él.
UNA LARGA DESPEDIDA
En casa del hampón, signada con el lote 11 de la Mz. B del barrio de San Hilarión Alto (SJL), la despedida duró tres días. Cientos de personas, entre amigos, familiares y curiosos, se reunieron allí para darle el último adiós con un interminable festín de alcohol, música a todo volumen y lágrimas Allí también llegamos el martes, antes de que llevaran su ataúd al cementerio Los Sauces. "Le dimos la despedida que quería: Chacalín (el cantante favorito del occiso) vino a tocar para él", dice César, un amigo de su juventud. Cuando le preguntamos sobre el pasado de 'Toto', César, sin embargo, prefirió callar. Carmen, madre de su ex pareja, solo nos dijo: "Que Dios lo perdone por los errores que tuvo y castigue a los que le hicieron mal".
El ritual que puso fin a esa tarde fue, por demás, singular: ocho amigos cargaron el féretro de 'Toto' por sus lugares favoritos gastando bromas que nos confirmaron la que fue, según la policía, su más duradera y rentable forma de vida: amasar una considerable fortuna vendiendo drogas de todo tipo en el inmenso cerro San Hilarión.
UN PASADO VIOLENTO
Pero la exagerada vida de 'Toto' no empezó allí. Según la División de Identificación Policial de la PNP, él fue investigado por asalto y robo a mano armada en 1987, 1989 y 1998; mientras que en 1995 se le procesó por tráfico ilícito de drogas. De acuerdo a información del INPE, Quinteros fue encarcelado cinco veces. La última de ellas --por asesinato, tenencia ilegal de armas, lesiones graves y robo-- ocurrió en 1999. Cuatro años después, sin embargo, 'Toto' salió del penal Miguel Castro Castro: le habían otorgado semilibertad.
Agentes de la comisaría de La Huayrona (SJL) revelan que, en los últimos años, el malhechor no cambió una pizca sus malos hábitos. "Hemos tratado de capturarlo varias veces --dicen--, pero siempre se escondía".
El otro lado de 'Toto' --uno más perverso y harto conocido entre sus enemigos-- parece, sin embargo, refulgir por sobre el resto: el delincuente era conocido por su bravuconería y por silenciar a quien osara cruzarse por su camino con esa arma que lo acompañó la madrugada de su muerte.
¿Quién mató a 'Toto'? Una persona cercana a su entorno refiere que el origen del crimen fue una pelea que tuvo con un --también-- prontuariado criminal de una banda de la zona de Huáscar, una semana antes de aquel domingo mortal. Como el asesinato, ocurrió durante una fiesta. El vehículo rojo del que bajaron cuatro personas para que una de ellas, en segundos, lo ultimara, fue el sello implacable de una venganza radical.
El pasado miércoles, una fuente que prefirió el anonimato reveló que una de las personas que viajó en el auto rojo se encuentra ahora en la comisaría de Santa Elizabeth (SJL), luego de que se lo detuviera vendiendo drogas. En esa dependencia, sin embargo, dicen no saber nada de la relación que existiría entre el detenido y la muerte de 'Toto', ese hombre a quien algunos de sus vecinos, en silencio, han empezado a recordar como lo que tal vez fue siempre: el "demonio que, felizmente, ya se fue".