Entre todas nuestras instituciones, el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú ha figurado siempre como una de las más reconocidas y confiables por el servicio invalorable que brinda en caso de siniestros, a través de sus paramédicos y otras emergencias.
Pero así como mantiene esa destacada imagen, también es la institución más olvidada en las prioridades nacionales, por las innumerables limitaciones que afronta para cumplir su labor. Por ejemplo, debería disponer de unidades modernas, o por lo menos con diez años de antigüedad, pero posee vehículos que funcionan con 20 y hasta 50 años a cuestas. ¡Todo un milagro!
La crisis de los bomberos es tan antigua como su flota; por eso ya no soporta más indiferencia. Una solución es que los gobiernos locales y regionales cumplan el mandato de sus respectivas leyes y los apoyen, como lo están haciendo algunas autoridades del Callao, Tacna y Cusco. De lo que trata es de valorar la enorme experiencia de una institución compuesta por voluntarios, que necesita y merece modernizarse. Apoyarlos no es cumplir con una dádiva, sino con una obligación que toca honrar a los alcaldes y presidentes regionales para, de manera previsora y responsable, garantizar la seguridad de sus jurisdicciones.