Por David Hidalgo V.
Un miembro de esta cofradía me planteó el tema. "Hay un desorden de los sentidos que permite a algunas personas escuchar las imágenes o ver los sonidos (tipo efecto LSD)", decía. El fenómeno es cierto. Se llama sinestesia y supone tal mezcla de percepciones que una persona que la experimenta puede incluso sentir el sabor de las palabras.
Un caso especialmente extremo es el del estadounidense James Wannerton: cada lunes tiene la sensación de que todo le sabe a goma; los martes, a frutella; y los sábados, a tocino. Wannerton asegura vivir en una casa con sabor a puré de papas, en un pueblo que le sabe a chicle de frutilla. Cuando visita Alemania, su paladar parece cubrirlo todo con gusto a mermelada y si va a España, el día le despierta un sabor agradable que no sabe definir. Si allí quedara todo ya sería alucinante, pero sus sensaciones también están asociadas a nombres de personas. Y no siempre son agradables.
Este es un caso de sinestesia del tipo gustativo-auditiva. Por ejemplo, su cerebro ha asociado los nombres de una familia vecina a un delirante abanico de sabores: el del padre a cerumen; el de la madre, a granos de café; y el del hijo, al plástico interior de los autos. "Siento estos sabores cada vez que verbalizo una palabra escrita o escucho una pronunciada, incluso en mis sueños. Siento sabor tras sabor tras sabor, uno después de otro", comenta Wannerton en su página web.
De hecho, la sinestesia se puede presentar en un número indefinido de variantes que involucran desde uno hasta los cinco sentidos de una persona. Uno de los tipos más comunes es el que asocia letras o números a colores determinados. Así, mucha gente con esta condición suele ver la letra A de color rojo, la letra B con tonalidad azul y el número 3 siempre teñido de amarillo, incluso si está sobre una hoja en blanco y negro.
"Adicionalmente existen algunos tipos de sinestesia que no involucran sentido alguno (por ejemplo, emparejar letras o números con género y personalidad específica)", se indica en la página del Departamento de Psicología de la Universidad de Edimburgo.
Otro estudio, realizado en la Universidad de San Diego, no solo confirmó que el fenómeno se produce por la actividad cruzada de áreas del cerebro que procesan diferentes tipos de información sensorial, sino que esta podría ser la evidencia más elocuente de los procesos de la creatividad humana. El tema es más frecuente de lo que parece. Se estima que una de cada dos mil personas experimenta algún tipo de sinestesia. Este es un mundo interesante por explorar, un viaje alucinógeno sin necesidad de aditivos.