Por Daniel San Román
El domingo la luz artificial dorará por primera vez la historia de la Fórmula 1 cuando se largue el Gran Premio de Singapur. Si bien la cita ha causado el interés de todos, los pilotos no se han mostrado emocionados. Es que una carrera nocturna, callejera, con luz artificial y bajo amenaza de lluvia no es para tomarse a la ligera cuando los monoplazas superan los 350 kilómetros por hora. Peor aún si el campeonato de pilotos, a falta de cuatro jornadas para su finalización, tiene a los dos primeros definiendo el título con una unidad de diferencia.
¿Cuáles son las principales inquietudes sobre la fecha? La primera es el desgaste natural que significa para los pilotos europeos --casi todos entonces-- invertir el horario. Si los volantes quieren seguir su ritmo habitual, tendrán que acostarse a las seis de la mañana y dormir hasta el mediodía.
Otro tema es el comportamiento de los cauchos. Tras años de preocupaciones por el desempeño de los neumáticos en circuitos calientes (tipo Bahrein o Turquía), los equipos afrontarán la duda de no saber cuánto afectará la disminución de la temperatura de la noche en la autonomía de las ruedas. Esto obligará a los equipos a rehacer sus cálculos para la hora de las detenciones.
De todas, la principal intranquilidad es la de la altitud de los sardineles del circuito callejero de Singapur, especialmente en la curva 13 y la chicana de la curva 10. Si tras las primeras pruebas los pilotos sienten que estos representan un riesgo, es muy probable que la organización se vea obligada a sacar las combas y atentar contra el ornato de la ciudad. Un sacrificio calculado tomando en cuenta que las entradas están por encima de los tres mil dólares y las cenas, en los restaurantes aledaños, venden el derecho de cubierto a mil.