Fabiola Santamaría acompañó a su esposo Moisés de mala gana. No era fácil salir a pasear con casi nueve meses de embarazo, pero no quiso ser aguafiestas, así que cuando su marido la invitó a la playa, accedió.
El camino, que usualmente toma 15 minutos hacia el embarcadero de Santa Clara, de donde se parte a la playa Tipishca, tardó casi media hora por el mal estado de la ruta, producto de la lluvia.
Esa mañana, el oficial de mar William Yarlequé partió con una tripulación de cinco hombres a bordo de la lancha Foncodes hacia la playa de Tipishca. El día estaba tranquilo y los militares aprovecharon para jugar un partido de vóley playa.
Moisés se detuvo por un momento a ver el partido y bromeó con un amigo sobre el partido de los marinos. Luego ambos entraron a nadar al río. Fabiola se sentó en la arena a tomar sol.
De pronto se oyó gritar desde el agua: "¡Víbora, víbora!", y se armó un gran barullo entre los bañistas. Moisés salió del agua como un rayo. "Compadre, esto es un presagio", le comentó su amigo.
Al instante, se oyeron gritos de alarma: "¡Emergencia! Una mujer está a punto de dar a luz". Fabiola había comenzado el trabajo de parto.
Los marineros subieron a la mujer a la lancha para llevarla al centro de salud más cercano. Con los chalecos salvavidas improvisaron una camilla para recostarla.
"Se llamará Moisés, como yo", exclamó el orgulloso y asustado papá. El conductor de la lancha forzó su máquina al máximo, pero Moisés hijo estaba determinado a nacer en el río. En solo unos momentos Fabiola alumbró a un niño de 52 cm y 2.900 g.
Desembarcaron en el puerto de Pampa Chica, donde habían coordinado por radio que los esperase una ambulancia. Sin embargo, la ayuda no llegó. Entonces decidieron trasladar a la mujer y a su hijo hasta la ciudad por sus propios medios. Los soldados ahora habían ganado la batalla de la vida.