DEL EDITOR
Por Virginia Rosas
En plena crisis financiera en Estados Unidos, con bolsas de inversión que se desploman ante la mirada atónita de los agentes, el escándalo de la leche contaminada en China ha quedado en segundo plano, pero no por eso es menos indignante: cuatro niños han muerto y 53 mil han sido afectados por haber ingerido melamina, una sustancia que se usa en la elaboración de colas y plásticos, pero que la firma Sanlu utilizó para elevar el porcentaje de proteína en los productos lácteos.
No podemos decir que se trata de un escándalo sin precedentes. Los productos infectados o de mala calidad son una constante en China. El año pasado fueron las medicinas falsificadas y los juguetes con plomo. Dentífricos y neumáticos deficientes también tuvieron que ser retirados del mercado el año pasado.
El lunes renunció el director de la Administración General de Supervisión de Calidad, Inspección y Cuarentena, Li Changjiang, a quien seguramente le espera una condena de cárcel muy severa si no es la muerte, como sucedió en el 2007 con el jefe de la agencia de alimentos y medicamentos.
El problema, claro está, no quedará resuelto, como no se resolvió con la ejecución del año pasado. La leche contaminada es una muestra más del colapso del sistema nacional de supervisión, que fue reestructurado a raíz de los otros escándalos.
Cuando no existen controles, como en China, las escuelas pueden derrumbarse aunque las demás construcciones queden en pie tras un sismo, y no pasa nada. Las escuelas en escombros y la leche contaminada han tocado la parte más sensible del país: sus niños. Obligados a solo tener uno para detener el excesivo crecimiento demográfico, los chinos constituyen ya dos generaciones de hijos únicos, a los que cuidan como joyas preciosas.
Ahora se sabe que los daños hubieran podido detenerse desde el 25 de febrero. Un padre, cuya hija de 7 años sufría de diarreas e infecciones urinarias cada vez que bebía leche Sanlu, envió una muestra a la empresa, creyendo que se trataba de un producto adulterado. Estaba convencido de que en la China contemporánea, la de los juegos olímpicos y el hombre en el espacio, una empresa como Sanlu no sería capaz de envenenar a los niños con un producto químico. Sanlu le respondió que la leche era de buena calidad, pero se negó a darle los resultados de los análisis. El hombre intentó pedir ayuda en un comité de consumidores, pero no obtuvo mayor resultado. Inició entonces una cruzada en cuanto fórum chino por Internet encontró. Hasta que la empresa le regaló cuatro cajas de leche en polvo a cambio de su silencio.
En EE.UU. el escándalo de las hipotecas 'subprime' empezó el año pasado y ahora republicanos y demócratas no se ponen de acuerdo en cómo los contribuyentes salvarán los bancos de la bancarrota.
Si hay alguna enseñanza a extraer de estos dos escándalos, es que no importa bajo qué régimen vivamos si lo que prima en los mercados es la falta de ética y de control que impida el imperio de los rufianes en los negocios.