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CRÓNICA. TERMÓMETRO POLÍTICO

Cuando la popularidad está y se va

Qué hace que un presidente tenga 8% o 90% de aprobación en el Perú. Aquí una breve historia de subidas y caídas sin anestesia, desde Belaunde hasta el García de hoy

Por Rocío La Rosa Vásquez

Ella los ayudó a ganar, pero en la mayoría de los casos los abandonó metros después de la partida. Anhelaron volver a tenerla y en su nombre buscaron congraciarse con el pueblo, incluso cometiendo graves errores. En algunos casos, ella les volvió a sonreír, pero solo para decirles adiós. Popularidad es su nombre. ¿Cuándo estuvo y cuándo se fue? Esta es solo una parte de su historia en el Perú.

El arquitecto Fernando Belaunde Terry gobernó el país por segunda vez gracias a los casi 20 puntos que le sacó de ventaja al líder aprista Armando Villanueva del Campo. Era 1980, salíamos de una dictadura y la gente pedía cambios.

Como respuesta a ese clamor, Belaunde desaceleró las devaluaciones y su ministro de Economía Manuel Ulloa recibía un espaldarazo del Club de París. Pero su 47,8% de aprobación no le duró. En el segundo año de gobierno su aprobación descendió a 29,8% y en el tercero a 22,4%.

El terrorismo avanzaba vertiginosamente y llegó hasta la capital. La debacle de la industria y nuevamente la aceleración de las devaluaciones sembraron pavor.

Sendero Luminoso radicalizaba sus acciones, mientras Belaunde decía que sus actos eran "pueriles". Según la agencia de noticias France Press, en 1982 cada cinco horas moría un ayacuchano.

EL RÉCORD DE GARCÍA
El ícono de la popularidad en nuestra reciente historia democrática fue Alan García Pérez, que empezó su primera gestión en 1985 con 90% de aprobación. Eso lo envalentonó para despotricar contra el Fondo Monetario Internacional.

Sus primeras medidas económicas, aparentemente exitosas, lo respaldaban. Bajó la inflación de casi 100% a 60% anual, pero se resistió a pagar la deuda externa. La cuesta abajo empezaría en julio de 1987 cuando propuso estatizar la banca.

Tres meses después estas decisiones lo empujaron hasta el 44% y no volvió a recuperarse. Al año siguiente arrancaron los llamados paquetazos con una antesala de escasez de alimentos. Los racionamientos de agua y luz se intensificaron y una huelga médica se prolongó por dos meses. Y nuevamente el pavor.

El Perú se convirtió en un país no elegible para nuevos créditos internacionales. García se fue ensayando una autocrítica durante su último mensaje a la nación. Llegó a tener solo 9% de aprobación.

EL FENÓMENO FUJIMORI
Ni bien empezó su mandato Alberto Fujimori se mostró decidido a enfrentar al terrorismo. El 'Chino' tenía casi 46% de aprobación.

Esa imagen de firmeza caló en la gente, tanto así que se terminó aceptando que no hubiera cumplido su palabra de no poner en marcha un 'shock' económico. Lo hizo sin anestesia y sin activar programas sociales de emergencia.

Consciente de lo que se venía, su gobierno restringió el derecho a las huelgas, instaló tribunales militares y, al mismo tiempo, envió a las Fuerzas Armadas a realizar acciones cívicas.

Fujimori necesitaba urgente una medida popular y no tenía mayoría en el Congreso. Aunque la Cámara de Diputados llegó a aprobar una acusación constitucional contra su antecesor, las fricciones no tardarían y su relación con el Legislativo se hizo cada vez más tirante.

Las encuestas registraban un alto rechazo hacia los parlamentarios, lo que Fujimori aprovechó para cerrar el Congreso. No solo eso. También intervino el Poder Judicial y les encargó a los militares la lucha contra el terrorismo.

Ya con un Congreso Constituyente, donde sí tenía mayoría, logró recuperar para el Perú la condición de país elegible para el sistema financiero internacional. Los aplausos populares continuaban. Así terminó su primer mandato y en 1995 le ganó la elección al embajador Javier Pérez de Cuéllar.

Inició su segunda gestión con un 70% de aprobación y se mantuvo así hasta fines de 1996.

La ola de privatizaciones le empezó a pasar la factura y la sombra de corrupción de su régimen empezaba a asomarse. Ya alguna prensa hablaba de 'chuponeo' telefónico por los servicios de inteligencia a personas incómodas al régimen y la revista "Caretas" ponía en duda la nacionalidad peruana de Fujimori.

Las movilizaciones estudiantiles se apoderaron de las calles para exigir respeto al Estado de derecho. Fujimori lograba la paz con Ecuador, pero también decidía retirarse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos tras múltiples denuncias contra el Estado. Las cuentas millonarias de Vladimiro Montesinos salían a la luz.

En medio de la convulsión postuló a un tercer período gracias a planillones plagados de firmas falsas, hecho que fue denunciado por este Diario. La venda de los ojos de quienes confiaron en él se caía con el video Kouri-Montesinos. Y luego la renuncia desde Japón.

LOS OCHO MESES DE PANIAGUA
El presidente de transición, Valentín Paniagua, empezó y se fue con 70% de aprobación. El popular 'Chaparrón' estuvo ocho meses en Palacio de Gobierno y llegó a tener un bajón (56%), pero enseguida se recuperó.

Su legado: la creación de la Comisión de la Verdad, el impulso de la lucha contra la corrupción, el regreso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, sobre todo, la realización de elecciones limpias e inobjetables en el 2001.

Con él se inició una tímida recuperación de la confianza de la población. El fujimorismo lo tuvo en la mira y no escapó de los ataques disfrazados de denuncia periodística. Había otorgado indultos, previa evaluación de los excesos cometidos, pero lo acusaron de liberar terroristas.

Paniagua llegó a Palacio sin quererlo, luego quiso hacerlo compitiendo en la última campaña electoral, pero no fue favorecido con los votos.

EL HIJO DE CABANA
Nadie podría desconocerle a Alejandro Toledo sus cifras en azul. La decidida firma del TLC con EE.UU., un crecimiento económico anual de hasta 6%, reservas internacionales por más de US$14 mil millones y exportaciones por cerca de US$20 mil millones (el triple de lo que recibió).

Pero arrancó con solo 27% de aprobación y lo más alto que tuvo fue 33%, eso sí, de salida. Las encuestas tampoco reflejaron su importante papel en la consolidación de la recuperada democracia.

Toledo respetó la libertad de expresión y, como lo dijera este Diario en un editorial, "supo, en líneas generales, respetar los límites de la autonomía judicial y legislativa, a pesar de la tentación del intervencionismo".

Tuvo un 'boom' minero, pero no hizo importantes inversiones públicas. Los escándalos familiares y la escasa simpatía de su esposa tampoco jugaron a su favor.

Llegó a 8% de aprobación en abril del 2004 y del 2005. En el primer caso los analistas se lo atribuyeron a un estado de ánimo de la población, pero el segundo coincidió con una denuncia de falsificación de firmas para inscribir a su otrora País Posible.

DISTINTOS ESCENARIOS
No confundir popularidad con aprobación fue la primera salvedad que nos hizo el director del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Fernando Tuesta, porque "uno puede ser muy popular y no necesariamente tener apoyo".

Su apreciación de la evolución de la aprobación presidencial pasa por el hecho de que "la población no es la misma. En los años ochenta había 7 millones de electores y en el 2006, 16,5 millones (...) y hoy el electorado es más exigente y ejerce más control".

Fujimori --explica-- llegó en un momento en que la gente demandaba orden y estabilidad económica y cumplió, violación de derechos humanos de por medio.

Y como la gente evalúa resultados, Belaunde y García (en su primer gobierno) fueron rechazados por no saber salir de la crisis y más bien sumirnos más en ella. Mientras que sobre Toledo y el García de hoy más que una crisis ha pesado que la publicitada bonanza no llegue a todos los bolsillos.

Según la mirada del director del Grupo de Opinión Pública de la Universidad de Lima, Luis Benavente, estos gobiernos han tenido serias dificultades políticas y un marcado desgaste económico.

Los más perjudicados siempre han sido los peruanos de los sectores C y D, precisamente los que concentran la mayoría del electorado. Por eso a mayor expectativa, más frustración. Por eso Benavente prefiere ir más allá del tema de la popularidad o aprobación.

"El Perú es un país ingobernable sin partidos políticos consolidados". Así de crudo.

Argumenta que no hay madurez política ni de los partidos ni de la población y lamenta que los primeros --con excepciones-- se formen bajo el sello E.I.R.L.

Mientras eso continúe seguiremos siendo "un país bárbaro". La pregunta es: ¿Hasta cuándo?

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