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CRÓNICA DE UN RESURGIMIENTO

"Las manos de América"

A los 37 años, José Francisco Cevallos se coronó campeón de la Libertadores con Liga de Quito. Esta es una semblanza del mejor portero de la historia de Ecuador

Por Jorge Barraza. Periodista

Donde hubo ingleses, fútbol queda...

Ancón es un diminuto poblado ecuatoriano sobre la costa del Pacífico. Nació hace más de un siglo como campamento minero de Ancón por el asentamiento de la compañía Anglo Ecuadorean Oil, establecida para extraer petróleo. Cuando el pozo se secó, la Anglo hizo las maletas, más aun sobrevive el testimonio de las deliciosas construcciones inglesas y el cementerio, cubierto de maleza y sin nuevos habitantes. Pese a la pequeñez del pueblo, todo era doble allí: el barrio inglés y el otro La capilla inglesa y la otra El cementerio inglés y el otro

Solo un ámbito compartían plenamente: el único campo de fútbol. Los británicos aportaron el amor por la pelota, los lugareños el entusiasmo. Y allí está, todavía, el club Andes, con su canchita de tierra rodeada por una pomposa 'tribuna' de unos pocos y escuálidos escalones de madera. Del polvoriento rectángulo del Andes surgió una desproporcionada cantidad de futbolistas profesionales pese a los exiguos 3.000 habitantes. Los tres hermanos Spencer, el gran Luciano Macías, el 'Potro' Muñoz fueron los más connotados, llegaron a la selección nacional.

Alberto Spencer atravesó fronteras y asombró con sus goles en Peñarol y en las selecciones de Uruguay y Ecuador. Leyendo su biografía muchos conocieron la existencia de Ancón.

Porfiadamente, Ancón sigue siendo prolífica cuna de futbolistas. Su último vástago es el arquero José Francisco Cevallos, flamante campeón de América con Liga de Quito. Pancho comparte un alto honor con sus coterráneos Spencer y Macías: integran el hipotético equipo ideal de todos los tiempos del Ecuador.

Cevallos pasó por Buenos Aires para enfrentar a Boca; los dos últimos campeones de América en La Bombonera. Los juveniles boquenses (jugó un equipo alternativo) lo tuvieron a los revolcones y debió ir cuatro veces a buscar la pelota al fondo de la red. Duro, aunque son los avatares del oficio de todo gendarme del arco. En su lustrosa trayectoria será apenas una mínima anécdota. José Francisco Cevallos es el mejor arquero de la historia en el fútbol ecuatoriano. Lo afirma el periodista, también los títulos, sus tapadas claves en tantas jornadas felices, ser un referente en la selección, en dos grandes como Liga y Barcelona, 18 años en Primera División...

Le preguntamos al héroe del Maracanazo de Liga si era mejor arquero hoy a los 37 años que a los 22. "Me siento más maduro. Se pierden cosas, la potencia por ejemplo. No es fácil ir a chocar con delanteros jóvenes, enormes, fuertes. Ya uno tiene su recelo", reconoce con hidalguía. "Pero hay que enfrentarlo. La agilidad, la fortaleza de antes las suplo con otras cosas", relata con sencillez. "Hoy, con relación a los 22 años, más que todo me siento realizado. No porque hayamos ganado una copa, sino porque pude dar un buen ejemplo a mis hijos levantándome del piso, donde me habían puesto, y demostrando que todavía podía", confesó.

Está limpio de rencores, la palabra revancha no entra en su diccionario. "Tuve dos lesiones serias, una en la columna y otra en una rodilla que me tuvieron casi dos años alejado en diferentes épocas, pero lo más duro que me tocó vivir fue la salida de Barcelona, en diciembre del 2006. Se dijo que estaba acabado, que era viejo, que ya no servía". Comprensible, fue ídolo torero durante diecisiete temporadas.

'Las Manos del Ecuador' lo apodaron cuando con sus atajadas contribuyó en gran forma a clasificar a su país por primera vez a una Copa Mundial, en el 2002. Aún está fresca aquella tapada frente a Brasil en el 2001. Ecuador estaba por consumar un histórico primer triunfo sobre los pentacampeones mundiales. De pronto, Romario sacó un latigazo bajo, junto a un palo, que venía a estropearlo todo. Era gol pero ahí apareció la grandeza de Cevallos para ahogarle el grito al 'Chapulín'. Son tapadas para ganar un partido, para llegar a un Mundial, para instalarse en el corazón de la gente.

Desahuciado en Guayaquil, logró conseguir trabajo en el Azogues, pequeñísimo club con tres años de antigüedad. Resucitó. Y en enero de este año lo llamó Liga. A los seis meses, campeón de América tras una antológica serie de penales. Terrible enfrentar a brasileños en los penales; son los reyes de la pegada; Pancho les paró tres y los desmoralizó por completo con sus actos, señas y palabras.

"Lo hablé antes con Bauza (el DT) y me aconsejó que esperara hasta lo último en cada penal. Eso hice. Y además demoré cada penal para manejar la tensión, crear nerviosismo en el rival, hacerlo dudar, que tuviera mucho tiempo que pensar, por eso me iba a la red, rezaba, hablaba".

La Anglo Ecuadorean Oil levantó campamento de Ancón, pero dejó las casas, el cementerio sin flores y el fútbol. Cevallos es otro testimonio.

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