EL LADO OCULTO MARTA DEL RÍO, directora de Inversiones de AC Capitales SAFI
Por Antonio Orjeda
Marta no sabe cuántos países conoce, pero son más de 40. De eso está segura. Casi no tiene fotos. Lo que a ella le gusta es disfrutar.
"No he vivido en ninguna parte más de cuatro años. Tengo 40 y pocos, así que figúrate".
Entre su primer y segundo embarazo, sin embargo, tuvo un paréntesis y dejó de viajar. Es decir, dejó de ir a los lugares que la atraen, porque de que viajó, claro que viajó. Marta recorrió Italia, pero para ella ese no fue más que un viajecito light.
"Mi objetivo en la vida nunca fue ir a París, aunque tuve que ir por trabajo. Lo que yo quería, en realidad, era explorar una kasbah (una ciudad o fortaleza islámica), ver el amanecer frente a las pirámides de Giza". Y por supuesto, lo ha hecho.
BAJAN EN LA ESQUINA
La mayor de cuatro hermanas, Marta asegura que es quien más ha heredado los genes nómades de sus padres. Tenía un año de nacida cuando a ellos les provocó partir de Lima en barco rumbo a Madrid.
Él, hoy un empresario retirado que invirtió en mil rubros. Ella, una inquieta estudiante que ahora está interesadísima en la historia del arte.
A ambos debe el que se aburra a muerte si pasa mucho tiempo en un mismo sitio. Eso sí, detesta que la consideren turista. Marta aclara: ella no es una tipa que va cargando una cámara fotográfica a todas partes sin importarle si --a su paso-- pisotea una cultura.
Pero tampoco es una mochilera. "Me gusta explorar pero con comodidad, porque no solo los mochileros descubren cosas fascinantes". No viaja con maleta, le basta un maletín y su tarjeta de crédito.
En uno de sus viajes caletas por España, en Marbella, en un monasterio recién restaurado, se cruzó con Tom Cruise. El chato estaba detrás de unos lentes oscuros y debajo de un libro.
"Eso fue hace 15 años. Charlamos y lo ayudé a que pasara de incógnito".
Una década atrás, en Londres, se enamoró de un alemán. Cabe precisar que la mayor parte de su vida ha trabajado en Europa, aunque también ha asumido cargos que la han tenido entre Río, Chicago y Hong Kong. Marta se casó con el alemán. Antes, lo trajo al Perú. Entonces descubrió que una experiencia en el Colca podía ser tan fascinante como estar al pie de Keops, Kefrén y Micerino.
Sí, le falta conocer el país. "Deberíamos descubrirlo. Hay quienes vamos en busca de cosas maravillosas... Claro, como yo trabajaba allá, me iba a Egipto; y cuando venía por una semana, prefería quedarme con mi familia".
Hoy está de vuelta. ¿La razón? "Tras años en Europa, y de plantearme una serie de metas y cumplirlas, llega un momento en el que dices: ¿cuál es el siguiente reto?".
"Todos los que nos fuimos deberíamos hacer un esfuerzo y volver. Aquí se necesita talento". No solo eso, Marta está aquí porque quiere que sus hijos disfruten de su familia.
Él tiene 8 y ella 5, ninguno quiere ir al paraíso que fabricó el tío Walt Disney. Son como mamá, le han pedido conocer la Muralla China y el Empire State. "Es mucho más interesante", sonríe ella, orgullosa (y su alemán asiente).