PERÚ
Por Juan Vargas. Corresponsal
Con los pies ampollados y las piernas agotadas, miles de peregrinos cruzaron en los últimos días el desierto piurano. Pero el sacrificio valió la pena. Desde el 20 de setiembre, un mar de gente atravesó el departamento norteño para pedir o agradecer algún milagro a la patrona de Paita, la bendita y redentora Virgen de las Mercedes.
Ya sea deshidratados por el ardiente sol o azotados por ráfagas de viento y arena durante la noche, los devotos avanzaron tratando de no pensar en el dolor. Son 57 los kilómetros que separan Piura de Paita y estos se recorren entre 12 y 14 horas caminando por la carretera y por trochas que cortan camino.
La solidaridad fue una constante en el peregrinaje. Palabras de ánimo para con quienes se iban quedando, naranjas y botellas de agua arrojadas desde vehículos, el compartir con desconocidos un riquísimo medio plato de arroz con atún o simplemente el acompañarse por tramos con otros andantes fue, ya de por sí, un maravilloso milagro.
Quienes acuden cada año a ver a la también conocida Chinita Paiteña no tienen vestimenta característica, pero se los distingue por las frazadas que llevan al hombro y sus pequeñas mochilas de las que a veces cuelgan patrióticas bandas rojiblancas en las que bordan con hilo dorado sus nombres y el número de peregrinación que realizan.
FINA ESTAMPA
En tanto, la imagen de la Mechita, vestida este año de crema --usualmente lo hace de blanco-- es universal: lleva los brazos extendidos y porta un bastón de mando en la mano derecha y una grilla abierta en la izquierda, símbolo de su misión original de librar del cautiverio a los cristianos apresados por moros y sarracenos.
En Paita, todos estos símbolos están hechos en oro y tanto el manto como la corona están plagados de condecoraciones y piedras preciosas. Sin embargo, lo que más destaca en esta imagen tallada por artesanos de la Escuela de Quito en el siglo XVI es, sin duda, esa cicatriz abierta que tiene en su cuello, herida hecha por el pirata inglés George Anson, que en noviembre de 1741 saqueó e incendió Paita.
El filibustero de creencia protestante quiso destruir la imagen de madera, pero su espada apenas pudo hacer ese tajo, así que furioso decidió llevársela consigo. Empero, ni bien embarcó, las aguas del mar se embravecieron y ante el clamor de sus marinos arrojó la Virgen al mar. Este volvió a ser calmo y llevó la sagrada imagen hacia las playas de Paita, en donde fue encontrada por un pescador que la devolvió al pueblo en el que todavía vivían ochenta pobladores refugiados en la iglesia mercedaria, la única edificación que se salvó de las llamas.
La noticia del milagroso regreso de la Mechita se extendió como reguero de pólvora y motivó que cientos de personas de toda la región se dirigieran al puerto para orarle, en lo que fue la primera peregrinación de la que fue testigo el desierto piurano. Doscientos sesenta y siete años después, los creyentes, agrupados en cerca de 80 hermandades, o en solitario, siguen caminando. Este año también lo hicieron, como antes. Como lo harán siempre.
EL DATO
El Señor Cautivo
Algunos de los devotos de la Mechita también lo son del Señor Cautivo de Ayabaca, cuyo festejo tiene como fecha central el 13 de octubre. Ellos ya habrían emprendido una nueva peregrinación, esta vez hacia esa provincia piurana.