Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
DEL EDITOR

El recuerdo no se mata

20 años después de Seúl 88 El Comercio homenajeó a las matadoras

Por Carlos Salas. Periodista

A fines de los 80, en el deporte peruano, las mujeres ganaban y los hombres perdían. El equipo de 'Manbo' dominaba el mundo y el de Pepe sufría un mundo para ganar. El arquero Chávez Riva recibía los goles y su esposa Rosa García anotaba los puntos. El 'Zurdo de Oro' (Cueto) ya no jugaba, y la 'Zurda de Oro' (Tait) mataba cada día mejor. Brasil nos goleaba en fútbol, pero en vóley Perú devolvía el 3-0.

Por aquel tiempo hasta los futboleros hinchábamos por el vóley. Cambiamos el rincón de las ánimas de Morosini por el a lo largo y ancho de Lucho Izusqui y madrugábamos cantando el "Manos morenas" más fuerte todavía que el "Perú campeón". Era el vóley--y no el fútbol-- el principal motivo de alegría de los peruanos: en aquellos años 80 un punto de Gaby a Japón importaba tanto como un gol de Oblitas a Argentina, y la derrota ante la URSS --por dramática y fatídica-- generó más lágrimas que el gol de Gareca en las Eliminatorias del 85.

Hoy que se cumplen 20 años hay demasiado por agradecer. Primero la popularización de un deporte que no era masivo y que se volvió la debilidad de todos. Segundo, la confirmación de que los ciclos de plazo largo se deben cumplir, y tercero, y tal vez lo principal: la consagración absoluta de una generación de matadoras que nos recordó que el verbo ganar también conjugaba con el Perú.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook