Por Rudy Jordán
¿Qué motiva a batallones de veinteañeros (aunque hay también chibolos y grandecitos), armados con variable artillería --desde una bolsa de piqueos hasta botellas de toda índole--, a reunirse los viernes por la noche en una sala y dar de alaridos hasta las cuatro de la mañana, como si estuvieran poseídos frente a una pantalla? La respuesta es: un campeonato de Pro Evolution Soccer (PES), la nueva versión (en Europa y el resto del mundo) del popularísimo Winning Eleven o, como lo llamamos entre amigos, nuestro querido y básico 'huinin'.
"Yo siempre elijo al Real Madrid y todos mis patas saben que ese es mi equipo", afirma Luis Miguel Pascua, de 24 años, quien siempre juega con el equipo español porque simboliza su pasión por el "fútbol bien jugado".
Y es que el PES es, según el psicólogo social Carlos Iberico, "un espacio en donde los jugadores toman durante diez minutos (tiempo de un partido promedio) la identidad de sus ídolos".
En los famosos 'vicios' (aquellas ratoneras que florecen cerca de las universidades donde los fanáticos alquilan una hora de Play Station por un sol), los jugadores de 'huinin' pitean si la dueña del local no tiene la versión actualizada con las últimas transferencias de jugadores.
"La actualidad del juego es clave para el hincha, porque este siempre se mantiene informado", afirma Omar Quispe (24), quien, además de hacer sus prácticas de periodismo en CMD, se declara hincha de un juego al que ni el mismísimo Ronaldinho Gaúcho se ha podido resistir.
"Me parece chévere que hayan hecho que parezca un partido de verdad", afirma Micaela Ortiz (23), estudiante de Derecho en la PUCP, quien, pese a que ha jugado varias veces con sus amigos --y ha perdido por goleada--, cree que la clave del juego está en su nivel de verosimilitud.
Se sabe que la nueva versión (PES 9) --que ya ha sido probada por el jugador argentino Lionel Messi (quien aparece en la portada de esta entrega)-- estará en tiendas europeas desde el 17 de octubre. Ahí podremos encontrar la modalidad de la Liga de Campeones de Europa (con 32 equipos), la canción inconfundible de ese torneo y una narración que no tiene nada que envidiarle a la de un partido verdadero.
Y aunque el FIFA (el juego producido por EA Sports que nació casi al mismo tiempo que el 'huinin', en 1993) tiene la enorme ventaja de tener las licencias de los equipos oficiales, el PES mantiene la supremacía por su grado de maniobrabilidad.
"El hincha siempre ha querido sentirse parte del juego que ama", dice Luis Miguel Pascua y vaya que en el 'huinin' estás incluido en él: eres jugador (tú dominas, por ejemplo, la derecha de David Beckham), eres entrenador (tú cambias al que esté cansado), eres representante (compras y vendes jugadores) y eres el todopoderoso creador, pues tú puedes inventar hasta la fisonomía de los actores.
Quizá por allí vaya la onda con el 'huinin'. El vuelo de este trance virtual, donde la realidad se funde con la ficción, termina cuando algún picón 'resetea' la consola súbitamente, o cuando --por tanto vicio-- se quema el transformador.
El juego concluye delante de la pantalla, pero puede reanudarse días después, en un estadio, durante un partido de verdad, cuando un afiebrado hincha grita desde la tribuna que esa jugada "ha sido como las del 'huinin'".