Por Carmela Vildoso Ch. Socióloga*
Las entradas para visitar la Feria Gastronómica Internacional de Lima: Perú, Mucho Gusto se agotaron. De solo saberlo, se me fueron las ganas de ir, pues no soy amante de las aglomeraciones. Los restaurantes que figuraban en el programa son famosos y la feria fue muy bien promovida. Entre el viernes y el sábado asistieron más de 10.000 visitantes; no más porque la capacidad del local no lo permitía. En cambio, fui a la octava versión de La Ventana, feria de diseño de jóvenes creadores de ropa y accesorios, que se realiza en Barranco. Se podía encontrar objetos originales y resultaba interesante conversar con quienes los vendían, que en la mayoría de casos eran los propios diseñadores.
Estos eventos y otros, como Casa Cor y diversos encuentros y festivales muestran una efervescencia que está movilizando a mucha gente entre organizadores, proveedores, creativos y público. Su preparación puede demandar meses y su éxito depende de muchos elementos: el interés y creatividad de profesionales y empresarios que encuentran nuevas oportunidades; una mayor capacidad de gasto que se orienta más hacia el consumo inmediato; el carisma y el talento de personas como Gastón Acurio; la búsqueda de distracción, especialmente si es novedosa; y la capacidad de generar una logística acorde con el evento (aún recuerdo cómo los parlantes de la Feria del Libro dificultaban escuchar las conferencias). Estas ideas iniciaron una sobremesa dominical en la que se expresaron distintos pareceres.
Uno de ellos, el más crítico, llamaba la atención sobre el lado frívolo y consumista de algunos 'boom' y cómo estos pueden expresar también ciertas carencias. Desde esta perspectiva, el 'boom' de la gastronomía tenía algo de evasión frente a asuntos más relevantes. De hecho, unas amigas colombianas que pasaron unos días en Lima comentaron que el principal tema de conversación que habían encontrado era la comida. En el caso del 'boom' del diseño joven, este era la expresión de una generación más preocupada en diferenciarse por el estilo de vestir que por elaborar una alternativa de país diferente, así como de un medio y una política que brindan pocas oportunidades en el campo artístico, por lo que muchos jóvenes abandonan este tipo de carreras.
Creo que las ferias son como un gran mercado de frutas y verduras. Los colores de las berenjenas, las paltas o las naranjas pueden representar la variedad de opciones y perspectivas. La gastronomía puede ser un medio para promover un consumo responsable que se interese por las condiciones en las que se producen los insumos y por las personas que los producen. En el caso de los jóvenes de cualquier especialidad, lo importante es que logren ensanchar las oportunidades para no tener que optar por proyectos de refugio y no sucumbir por ausencia de políticas, sino más bien procurar que ellas se establezcan. Depende de ellos y de todos.
* SECRETARIA TÉCNICA DEL ACUERDO NACIONAL.