Por: Juan Paredes Castro |
El Gobierno está empeñado en quitarle los pies de plomo a sus mejores proyectos de mejora de la gestión pública. Pero hace poco o nada por echarlos a andar, que es lo más importante.
Esto pasa, por ejemplo, con la Autoridad Nacional de Servicio Civil, a la cual le han despojado de todos sus pesos y contrapesos molestos, nombrando para su cabeza a Nuria Sparch, ex viceministra de Defensa, con la suficiente capacidad de conducirla ágilmente hacia el objetivo deseado: el de construir la burocracia ideal que el país necesita.
Pero como en el Perú no basta con crear las instituciones ni revestirlas de nombramientos y rituales (recordemos lo que pasó con la Oficina Nacional Anticorrupción a cargo de Carolina Lizárraga) en el caso de la ANSC haría falta la voluntad política concertada y coordinada para que cada tuerca y tornillo de la estructura estatal asuma desde el primer día los cambios drásticos que tienen que darse, por encima de los intereses políticos en juego, sobre todo partidarios.
La doctora Sparch tendría pensado comenzar su trabajo por el Ministerio de Salud, actualmente en crisis a causa de la huelga médica. Mucho mejor sería que bautizara su mandato poniendo en jaque a la vieja estructura administrativa del Ministerio de Transportes, pues allí se concentra el mayor antro de corrupción del sector, donde se tramitan las renovaciones de licencias de las empresas causantes de tantas muertes en las carreteras y donde expiran cada día decenas de expedientes de sanción administrativa y penal, a la vista y paciencia de jueces, abogados y directores generales.
En síntesis, la doctora Sparch vendría a ser la nueva gerenta central de recursos humanos del Estado, con todo el empoderamiento que su cargo y sus funciones requieren. Ignoramos dos cosas: si lo que ella piensa hacer corre en el mismo engranaje del sistema de gerencias que viene afinando el ministro de Trabajo, Mario Pasco, ojalá no con pies de plomo, y si en verdad cuenta con lo fundamental: con el apoyo no solamente del presidente Alan García y su gabinete sino del Congreso y del Poder Judicial. No olvidemos que muchas de las medidas legítimas que la poderosa funcionaria puede tomar en materia de reestructuración burocrática pueden ser revertidas por jueces y fiscales dispuestos a actuar desde la otra cara de la medalla.
Con estas advertencias bueno es señalar que el Perú ha dado muestras de cuánto puede crecer y desarrollarse. Lástima que contra ello conspiren precisamente la falta de un sistema nacional dirigido a proveer al Estado de recursos humanos calificados y competitivos y la ausencia de un sistema político suficientemente articulado.