PARÍS [AGENCIAS / EL COMERCIO]. John Galliano ha suavizado su amaneramiento de 'couturier' y le ha sido infiel a su adorado 'New Look'. Referencias a modistos más recientes, como Hervé Leger, Thierry Mugler o Azzedine Alaïa, inspiran al diseñador gibraltareño, en detrimento de los archivos de Dior, la 'maison' a la que representa.
Quizá lo hizo por satisfacer a las esculturales clientas rusas que hoy copan sus talleres de encargos. Quizá pensando en ellas, Galliano ajusta la silueta en forma explícita, la revela con transparencias, la ciñe con sugerentes corpiños, la envuelve en tonos cítricos y puntillas con aroma a 'lingerie'. Todo cubierto de cuentas, bordados y adornos tribales que proporcionan a sus 'fans' la dosis justa de exotismo.
Y aunque en los 'looks' esa genialidad a la que tiene mal acostumbrado a su público esta vez brilló por su ausencia, la esencia de este 'enfant terrible' de las pasarelas, finalmente, sí se percibió: los modelos presentados destilaban ese particular olor a Galliano, básicamente en la teatralidad de los peinados y la magnificencia de los complementos (especialmente, los zapatos de tacón joya). Dior vuelve a los ochenta.