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DEL EDITOR

La última batalla de McCain

Por Virginia Rosas

Lidiar con la baja popularidad del presidente George W. Bush (29%) --que ostenta en los últimos días un rechazo cercano al que tuvo Truman en 1951, cuando retiró a McArthur de las fuerzas estadounidenses en Corea-- debe resultarle en estos días más difícil al candidato republicano John McCain que enfrentarse al Vietcong en los cinco años en que permaneció como prisionero de guerra en Vietnam.

Es cierto que algo de mala suerte ha tenido McCain, porque justo cuando las encuestas le daban una pequeña ventaja, se vinieron abajo los bancos, las aseguradoras y las bolsas. Y con ellos se desplomó la base misma del sistema capitalista que Estados Unidos representa: la teoría, tantas veces esgrimida por los neoliberales, de que los mercados se regulan solos.

Si así fuera, ¿cómo explica entonces Bush sus súplicas a la Cámara de Representantes para que permita un desembolso de 700 mil millones de dólares a fin de salvar los bancos de la quiebra, y enfrentar la mayor crisis financiera desde la gran depresión de 1929?

Los rivales Obama y McCain unidos para tratar de convencer a congresistas reacios (la mayoría republicanos) de que no queda más remedio que hacerle pagar al ciudadano de a pie los errores y horrores del mercado sin control. Hay que verlo para creerlo.

El país faro del capitalismo mundial convertido en un precedente de nacionalizaciones y, en medio de todo eso el ultraliberal McCain diciendo primero que la economía estadounidense va muy bien, luego oponiéndose al plan de rescate de un Bush compungido y hasta suplicante, para finalmente, plegarse a la demanda de salvataje. Alguna vez confesó que la economía no era su fuerte y , por lo visto, razón no le falta.

En estos tiempos aciagos y de incertidumbres financieras y a un mes exactamente de las elecciones, las preferencias le son esquivas: Obama tiene entre 6 y 8 puntos de ventaja sobre McCain y ha ganado terreno en los tres estados decisivos para convertirse en presidente: Florida, Ohio y Pensilvania.

Pero el veterano de guerra tiene otras batallas por ganar: Sarah Palin puede resultarle un búmeran que lo golpeará con tanta o más intensidad que cuando fue presentada como su compañera a la vicepresidencia. La gobernadora de Alaska no ha dado la talla, seis de cada diez electores piensan que no cuenta con la experiencia necesaria para sustituir a McCain como jefe de Estado.

A su edad (72 años), el senador por Arizona se convertiría en el presidente más viejo en ocupar la Casa Blanca. Si a ello se le suma que ha padecido cáncer y que lleva en su cuerpo las secuelas de las torturas que sufrió en Vietnam, muchos se preguntan si podría terminar su mandato. Si pierde esta batalla no habrá otra para él. A Obama, con 47 años, le sobra tiempo para repetirla.

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