TATUAJES
Por Fernando González
El quejido de Anita se ahogó tras el zumbido de la máquina tatuadora. El sonido --que recuerda a un estudio de dentista por el rapidísimo martilleo y la mueca de dolor-- invade incesante el pequeño ambiente y se detiene cada cierto tiempo en intervalos irregulares, como un código morse indescifrable que oculta el significado de la mariposa que Anita se acaba de tatuar en el tobillo. Siempre hay una primera vez. Y una segunda, porque ni bien terminaron de hacérselo, se recostó y le hicieron otro más. Uno no es ninguno, dicen.
Anita (23) llegó al mediodía a Coyote's Tatoo (en la bajada Balta en Miraflores) y ya se habían hecho al menos cinco tatuajes y un piercing antes. Coyote's lleva ahí más de 15 años y a su lado hay otros estudios: Inmortal Art y Dakar, lo que le da a ese lado de las tiendas comerciales de la bajada Balta un aire a rincón especializado.
Genaro, tatuador de Coyote's, cree que el tatuaje es más que un dibujo en la piel, es arte --afirma--, es un trabajo. Lo mismo piensa 'Jade' --como prefiere ser llamado--, del estudio Arte Sagrado. Ellos coinciden en su pasión por el arte en la piel y en su definición de esta forma de estilizar --o malograr, según otros-- el cuerpo.
Modificar el cuerpo con dibujos con algún sentido para el portador o su círculo social tiene una remota trayectoria. Esto ya se hacía en el Perú hace 1.700 años, en la cultura Moche. Se hacía en la antigua Europa y en Filipinas. Y se sigue haciendo ahora, y pese a significados o poses, termina siendo una cuestión de estética corporal. Por eso mismo hay un buen número de personas que no lo harían, pues simplemente no escogen ese tipo de estética.
Genaro y 'Jade' coinciden también en que las cosas han mejorado bastante --en términos de profesionalismo y salubridad-- desde que comenzaron a surgir los primeros estudios profesionales de tatuajes en Lima hace una década y algo más. Mariola Saavedra, aprendiz del reconocido tatuador Stéfano Alcántara, piensa lo mismo. No solo tienen en común la pasión por los tatuajes, también el arte en las manos. Los dos primeros han llevado varios talleres de dibujo, y Mariola pasó por las aulas de Bellas Artes, antes de dedicarse completamente a sus hijos y a decorar cuerpos, comenzando por el suyo: ya va por los nueve tatuajes.
Anita salió de Coyote's cojeando ligeramente por las dos gracias que acababa de hacerse y con la sonrisa de quien se ha salido con la suya. Y para los que prefieren no alterar su piel por cuestiones de religión, temor o prudencia, siempre les quedará la opción de no hacerse nada.