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RINCÓN DEL AUTOR

La crisis política

Por Jaime de Althaus Guarderas

La política suele ser el reino de la pasión antes que de la razón. De acuerdo con lo que se ha podido conocer, no habría proporcionalidad entre los hechos de corrupción revelados en los audios de Rómulo León Alegría, Alberto Quimper y otros, y la moción de censura al Gabinete o la aceptación de su renuncia. Tal parece que las corruptas y repugnantes componendas entre ambos personajes no habrían influido en la decisión de otorgar los lotes de exploración petrolera a la empresa Discover, sino que habrían tenido como objeto engañar o estafar a dicha empresa vendiéndole un acceso a lotes que no necesitaba. En la práctica, la propia empresa se habría dado cuenta, y no aceptó pagar el llamado "honorario de éxito", aunque quede por aclarar si efectivamente "aceitó" o no a funcionarios. Si bien es grave que el director de una empresa pública venda sus influencias a un cliente de esa empresa, bastaba y sobraba para conjurar políticamente el escándalo la renuncia del ministro del sector y la del presidente de Petro-Perú.

Lo que pasa es que los partidos de oposición, liderados por Lourdes Flores, saben que la aprobación popular al presidente y al gobierno es muy baja, lo que se debe a expectativas insatisfechas de-satadas por el propio crecimiento, agudizadas por el alza de los precios, pero también a un estilo de gobierno que, en el caso del presidente, privilegia efectivamente recibir a inversionistas o a sus representantes (como este señor Canaán) en Palacio de Gobierno o inaugurar plantas industriales como ayer, antes que recorrer los pueblos liderando la lucha contra la pobreza o la generación de riqueza en las comunidades andinas. La gente no se siente acompañada ni percibe que este sea un gobierno identificado con las necesidades del pueblo, y está molesta por el alza de precios que no es solo de los alimentos y pasajes, sino de materiales de construcción, en los que ahorraba pacientemente, y que se produce justo cuando esperaba aprovechar la viada económica para terminar sus casas.

Pero las circunstancias han cambiado. El torbellino de la crisis financiera mundial más grave de los últimos setenta años obliga a un país como el nuestro a juntar fuerzas y criterios para enfrentarlo. Y, sobre todo, la oportunidad tampoco es apropiada: la reunión del APEC próxima realizarse debería llevar a postergar cualquier cambio político importante. Pero la política inmadura suele ser lucha más que construcción.

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