Por Javier Arévalo. Escritor
Quizá la pelea que recuerdo de 'Rocco' sea la del año 81, en la tribuna Norte del Estadio Nacional. En cualquier caso, alguna vez estuve ahí, una noche de aquella época, y lo vi pelear. Y me gustaría recordar esa velada por la pelea, pero se ha borrado toda imagen de aquella en mi memoria; sin embargo, nunca he podido olvidar el momento de esa noche cuando pensé que iba a morir.
Hay quienes se calzan los chimpunes, se cuelgan una guitarra o se ponen unos guantes para imitar a un ídolo: Fernando 'Rocco' Castro, welter, número uno de la WBA, pudo ser ese ídolo, pero no tenía el drama; tampoco llegó a ser campeón.
Solía tirar a sus adversarios de un guantazo. Solía mostrar, luego, una mano rota. Treinta y seis peleas, 22 ganadas por 'knockout', cuatro empates, dos derrotas. ¿Por qué se le rompían las manos?
Yo entrené a su lado, en la Bombonera del Estadio Nacional. Tenía 15 años, él 26. No podía creer lo feo que se desplazaba en el ring. Casi me molestaba. Era un asunto personal. Parecía un mono desangelado. Carecía de la gracia danzarina de Sugar 'Ray' Leonard, de la pinta malosa de 'Mano de Piedra', no era elegante como Cuevas, ni una serpiente acechante como Tommy Hearns: era un costal poco movedizo que mataba con un derechazo. La única razón por la que lo conocía era porque era peruano y entrenaba cerca de él.
Escajadillo le compuso una canción que pretendía ser un himno; pero era solo la fea musicalización de unas estrofas elementales que pintaban a un provinciano alucinado con conquistar la capital. Digamos que 'Rocco' lo logró, nadie le pegaba en el Perú.
Pero para ser un ídolo tenía que fajarse con otros fuera de acá y no lo hizo. ¿Habría podido? Esa es la pregunta. No le dieron la pelea, eso también es cierto. ¿Habría podido aguantarle algunos rounds a los monstruos que subían al entarimado del Madison en esa época? ¿Habría respondido a la volea de 'Sugar', a los largos estiletes de Tommy, a los mazazos callejeros de Durán?
Esa noche, seguramente, 'Rocco' ganó. Y seguramente corrieron los comentarios de siempre: solo le ponen 'paquetes'. Mi padre, que fue campeón Guantes de Oro, que salió en los periódicos a página completa, que peleó cuando no había más que amateurs, lo sabía: 'Rocco' solo peleaba con 'paquetes'.
Era de madrugada cuando yo regresaba a casa, por Santa Beatriz, me rodeaban viejas y lúgubres casas. Un hombre apareció de pronto en el extremo de la calle. Venía hacía mí. Creí que me asaltaría, que clavaría un puñal en mi pecho, que me mataría. No puedo explicar por qué no crucé la calle, o retrocedí. Cuando nos separaba un metro, cerré los ojos y esperé al aguijón de la muerte. Luego los abrí. El hombre había pasado, yo tenía la camisa empapada de sudor, el corazón a galope y si 'Rocco' había ganado o perdido no era ya de mi incumbencia.