Por: Juan Paredes Castro |
Claro que importa mucho en este segundo premierato del gobierno aprista saber a dónde ir. Pero importa más y decisivamente saber de dónde partir.
Este "de dónde partir" es la pregunta clave en busca de la mejor respuesta del presidente Alan García y de su nuevo primer ministro Yehude Simon.
Y la única mejor respuesta pasa principalmente por entender que la línea de partida del Gabinete entrante no es otra que la línea que dejó la crisis ministerial de los últimos días. Es decir: la línea marcada con el estigma de la corrupción y, lo que es peor, con ese otro estigma del que no hemos terminado de desembarazarnos: el de la impunidad.
En efecto, la condición de prófugo cada vez más extendida del ex ministro del primer gobierno aprista Rómulo León Alegría no solo cubre de impunidad el escándalo de corrupción de las últimas semanas, sino que también arroja una gruesa mancha negra sobre la mayor debilidad del régimen: su incapacidad para sacar de la circulación política comprometedora a personajes cercanos del partido oficialista que, inclusive expulsados, como Agustín Mantilla, se jactan de influir y ejercer poder en las cumbres del poder.
Antes, pues, de que García y Simon empiecen a edificar, ladrillo a ladrillo, el sentido de futuro al que tenemos derecho los peruanos, ambos tienen que pensar que ese sentido de futuro muy bien podría derrumbarse mañana mismo, después de cualquier discurso palaciego, si no hay desde el primer minuto de juramentación del nuevo Gabinete un compromiso gubernamental sólido contra la corrupción. Este compromiso tendría que expresarse en un sistema de defensa legal del Estado que por lo menos intente parecerse al que nos legó el ex presidente Valentín Paniagua. No queremos más procuradurías cortesanas. Eso sí: perseguidoras de la criminalidad que busca enraizarse en la administración pública. Y una contraloría y un contralor capaces de dar un giro de 180 grados a los conceptos y métodos que, por supuesto, han resultado insuficientes e ineficientes.
Hay dos necesarios componentes más en este partidor: el imprescindible compromiso del presidente García de impulsar de una sola vez el gerenciado del servicio público y de evitar que los cuchillos largos de su propio partido, que se afilaron contra Jorge del Castillo hasta el último día de su premierato, apunten ahora a Yehude Simon, que llega al poder con la espalda descubierta.
Ya sabemos: no preguntemos a dónde ir si no hemos resuelto primero el problema de dónde partir.