Esculturas religiosas en San Isidro
Por Carlo Trivelli
La ciudad, el poema de Cavafis que le sirvió a José Donoso como epígrafe para El jardín de al lado, era casi una imagen de espejo de su novela. "Dices: 'Iré a otra tierra, hacia otro mar / y una ciudad mejor con certeza hallaré. / Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado", así comienza el poema, como si le hablara a los personajes de Donoso que intentan poner tierra de por medio entre ellos y una dictadura que los ha obligado al exilio.
Pero luego el poema sentencia, como lo hace Donoso con sus personajes "No hallarás otra tierra ni otro mar. / La ciudad irá en ti siempre. Volverás / a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez (.) / Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay- (...)". En suma: el intento de escapar de uno mismo está condenado al fracaso: no busques ser otro -no lo hay-, parecen decir, aunque en claves distintas, el poeta griego y el novelista chileno.
En clave distinta -una más bien peruana- Cristina Planas nos propone transitar por los mismos rumbos en la exposición que inaugura este miércoles en Vértice. La migración de los santos nos habla de quienes sienten la urgencia de abandonar el país en pos de mejores horizontes y de lo que inevitablemente llevan consigo como lo más íntimo: no la propia condena, como en Cavafis o Donoso, sino la esperanza, encarnada en las formas populares de la fe.
Como dice Sandro Venturo en el texto que acompaña a la muestra: "La religiosidad, entendida como la vivencia de la fe, es una ruta dirigida hacia nuestras propias ilusiones". Y para poder hablar de esa intimidad, Planas ha creado cuatro imágenes (esculturas en resina, de tamaño natural) en las que nos ofrece su visión de nuestras cuatro imágenes más santas: las del Señor de los Milagros, Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y Sarita Colonia.
Cada una de ellas encarna, al interior de la galería -en la que también hay asientos de avión para los migrantes -, una forma particular de asumir la aventura de la migración, que son, a su vez, formas reconocibles de la peruanidad. Ahí están la mestiza Sarita Colonia, santa popular, protectora de los choferes y abanderada del "acelera nomás, yo te guío"; la blanca Santa Rosa, patrona de la Policía y promotora del "no se gana pero se goza"; y San Martín de Porres, quien para la artista encarna el "sí se puede" y al que se le ve 'bien barrio', tatuado y acompañado por un pitbull (ya que no de pericote y gato). El Señor de los Milagros, por último, nos recibe en silencio y se muestra como particular ejemplo de sincretismo entre lo blanco, lo indio y lo negro, aunque no escapa a la violencia contemporánea.
Pero hay más en la propuesta de Planas que el simple estereotipo, algo que salta a la vista desde el momento en que nos percatamos de que sus santos están en ropa interior: "A la hora de imaginarme las piezas con ropa, sentía que sus trajes les daban demasiada jerarquía. Yo quería darles una imagen más humana. Por eso los puse en ropa interior; los quería más vulnerables", explica.
Y es que estos santos no son solo imágenes: ellos encarnan las ilusiones e ideales de quienes creen en ellos. Son la identidad que los peruanos nos llevamos fuera cuando dejamos el país y, consecuentemente, su fortaleza o debilidad dependen de qué tan viva permanezca nuestra identidad lejos del terruño. ¿O es que acaso Sarita Colonia protege también a los choferes de las freeways estadounidenses?
Cristina se interesó primero por cómo viajaban las imágenes, cómo santa rosa había bajado los cerros de Quives a Lima, por ejemplo, pero luego, al intentar cuajar su trabajo, se dio cuenta de que era otra cosa la que le interesaba: "me di cuenta de que mi interés eran los migrantes en sí, su actitud misma: que se van porque sienten que algo no funciona, porque creen que tienen mejores oportunidades afuera. Pero se llevan su propia identidad en esa migración". Y es eso último lo que ha puesto en escena en La migración de los santos. Como dice Sandro Venturo en su texto sobre el trabajo de Planas: "El resultado de actuar a imagen y semejanza de nuestras ilusiones constituye, y al mismo tiempo destruye, las fronteras de nuestra experiencia". Esa diferencia entre la constitución y la destrucción es la que se pone de manifiesto en la migración y la que ha alentado las indagaciones de Cristina Planas.
INAUGURACIÓN
La migración de los santos de Cristina Planas se presenta en Vértice Galería de Arte (Ernesto Plascencia 350, San Isidro), de lunes a viernes de 11 a.m. a 8 p.m., sábados de 3 a 7 p.m., desde el miércoles 15 de octubre hasta el sábado 8 de noviembre.