El presidente de la República, doctor Alan García, confirmó como nuevo jefe del Gabinete a Yehude Simon, con quien debe componer un nuevo cuerpo de ministros que esté a la altura del difícil momento que atraviesa nuestro país en un entorno internacional igualmente complejo.
Resulta interesante la elección de Simon, un político curtido que inicialmente apoyó ideológicamente a movimientos radicales de izquierda, pero que luego supo reconocer sus errores para abrazar con convicción la causa democrática y llegar a ocupar una presidencia regional por elección popular.
No hay duda de su antigua y profunda emoción social, sustentada en una concepción del mundo basada en el humanismo, ni tampoco de su posición favorable a la inversión nacional y extranjera en nuestro país, dentro de la economía social de mercado, como ha quedado demostrado cuando fue presidente regional de Lambayeque.
Sin embargo, es ahora, al aceptar el gravitante reto de encabezar el segundo Gabinete del gobierno aprista, cuando se pondrá a prueba su reconocida capacidad de consenso y de convocatoria, así como su visión de país y de manejo político.
Aunque el cargo es, por esencia, sumamente exigente y difícil, lo es más en la actual coyuntura signada por el gran nivel de desconfianza ciudadana (incrementada por el escándalo de corrupción de los lotes petroleros, que salpicó y propició la renuncia del Gabinete anterior); por el incierto panorama económico que se augura como recesivo (a partir de la crisis financiera internacional); y también por la recurrencia de conflictos sociales y regionales.
Por lo pronto, es auspicioso que el primer mandatario haya adelantado que el nuevo Gabinete será plural y que para ello ha solicitado a Simon incorporar también a personajes regionales. El criterio es bueno, sobre todo para profundizar la descentralización y delinear una política efectiva y preventiva de conflictos, siempre y cuando la convocatoria incluya también a profesionales y técnicos independientes con capacidad de gestión en otros sectores.
Es adecuado que se haya ratificado por lo menos a los titulares de Economía y Finanzas, Luis Valdivieso, y de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz. Se trata de sectores que exigen continuidad, por ejemplo para consolidar una política económica que aproveche nuestras ventajas comparativas y nuestro bien ganado prestigio de país promotor de inversiones para resistir mejor los embates de la crisis económica mundial.
En todo ello, una tarea crucial es continuar con la implementación del tratado de libre comercio con Estados Unidos, y en la suscripción de otros tratados bilaterales, con una política de apertura que promueva nuestras exportaciones y cree empleo sostenible.
Por contraste, la anunciada salida, o no ratificación de los titulares de Interior y Salud, Luis Alva Castro y Hernán Garrido Lecca, a la sazón conspicuos dirigentes apristas, es saludable y debe permitir la oxigenación del Gabinete para revisar las políticas de seguridad interna y buscar salidas a la prolongada huelga médica, que afecta sobremanera a los pacientes inocentes.
Como lo subrayamos en los días previos, el mayor reto del Gobierno y del nuevo Gabinete Simon es recuperar la confianza ciudadana, con lo cual pueda dar mayor legitimidad al régimen constitucional, lo que es fundamental para consolidar el sistema democrático.
En dicho escenario, la figura de Yehude Simon genera gran expectativa y puede ayudar, pero obviamente no es suficiente.
Requiere, para empezar, que se lo deje trabajar y que se respete la autonomía de la Presidencia del Consejo de Ministros, en un ámbito distinto al del propio jefe del Estado, para que convoque a ministros altamente competentes y de probada trayectoria ética que puedan coordinar fluidamente con el Congreso la aprobación del plan de Gobierno del flamante Gabinete.