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EL LADO OCULTO. CÉSAR ANTÚNEZ DE MAYOLO,GERENTE CENTRAL DE COMERCIALIZACIÓN DE PANDERO

Poderosa transformación

CON LAS PIERNAS LLEGÓ A LEVANTAR MEDIA TONELADA, SE HA RETRATADO CON LOU FERRIGNO (EL INCREÍBLE HULK). NO COMPITE MÁS. HOY PRIMA UN PLACER MAYOR: DISFRUTAR A LA FAMILIA

Por Antonio orjeda

Por más que le gusten, no se los puede comprar en tienda. Los ternos no le entran. Se los tiene que mandar a hacer. Su madre decía que lo suyo era un exceso, pues ¡qué era eso de comerse 75 claras de huevo al día!

"Jefe, eso es para todo el mes", le dijo un chico en Santa Isabel. "No, me los como en tres días".

Mamá no entendía que tenía que alimentarse así para mantener la masa muscular que había alcan-zado. Fabiola, en cambio, encarga a diario que le preparen tal o cual cosa en cantidades industriales. "Es que mi esposa me conoció así".

LEVADURA, LEVADURA
Los padres de César no tienen afición por deporte alguno. Él tenía más bien tendencia a engordar. En los años 80 fue fan de Conan, el Bárbaro y, como tal, decidió darle muerte a esa guata que ya comenzaba a ganar terreno.

Se inscribió en un gimnasio. No pasó nada. "Me di cuenta de que debía seguir una disciplina, hacer unos sacrificios". Seis meses después, la guata de-sapareció y dio paso al placer por sentirse cada vez físicamente mejor. Tanto, que el 95 se inscribió en un campeonato de fisicoculturismo para no-veles y, entre todos los aspirantes que llegaron de todos los rincones del Perú, resultó segundo.

Eran los días en los que comía cinco veces al día (sí, entre otras cosas, 75 claras). Eran también los días en los que con sus piernas podía subir y bajar pesas que, en total, sumaban media tonelada.

"Ahora levanto 250 kilos". Nada menos que tres veces su peso.

Ingeniero industrial de la Universidad de Lima, César seguía una maestría en la Católica cuando ocupó el tercer lugar en el Míster Lima.

Trabajaba en Chacla-cayo, iba por las noches a la Católica. ¿A qué hora entrenaba? En el gimnasio eran tan conscientes de su afán, que le dieron las llaves del local. César entrenaba desde las 4:00 a.m. De ahí se iba a trabajar.

Quiso hacer una se-gunda maestría y ahí fue cuando decidió no competir más. "De hacerlo tendría que sacrificar a mi familia, mi trabajo, mi actividad académica. No".

Para entonces ya había tenido una importadora de suplementos alimenticios por la que tuvo que viajar por el mundo y por la que tuvo la oportunidad de ver a Stallone, Shwarzenegger y a Lou Ferrigno. Con este, con el Increíble Hulk, en Las Vegas, César se llegó a tomar una fotografía. Para entonces, sus hábitos alimenticios también ha-bían cambiado: en una reunión, máximo toma cin-co vasos de cerveza; la comida se la tienen que servir con poco condimento. Nuestra cocina criolla le cae mal.

César sabe de lo que se está perdiendo, pero lo suyo es una forma de vida. Para beneplácito de sus colegas que ya han sido influenciados por él, ha suscrito un convenio entre Pandero y un gimnasio.

Además de ser pro-fesor en el PAD de la Universidad de Piura, César le sale al frente a quienes creen que los tipos como él no tienen cerebro. No solo eso, saca pecho y reta: "Soy más saludable que cualquier persona de mi generación". ¿Alguien toma el guante?

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