Por Martín Reaño [Economista]
De mi época de estudiante algunas cosas llamaron mi atención. Recuerdo al profesor de melena, grandes bigotes e interminables cigarrillos tratando de convencernos de que "el capitalismo lleva en sí mismo el germen de su propia autodestrucción". Recuerdo también a otro profesor que nos explicaba que Marx estaba equivocado y que no se dio cuenta de que el capitalismo se reinventa permanentemente a lo largo de variaciones cíclicas. Y de estos ciclos, los llamados Kondratiev, se repiten cada 80 a 100 años.
Así como en las empresas, lo único constante es el cambio, resulta que en economía lo único permanente y predecible son los ciclos económicos. La crisis que estamos viviendo no es un invitado inesperado. Se sabía que venía. Las fiestas no son eternas y, mientras mejor es la farra, peor es la resaca del 'after-party'. Y tenemos hasta 600 años de historia documentada para demostrar que la crisis estaba anunciada.
Es que estas euforias y crisis son parte inherente del sistema capitalista. Lo estamos viviendo ahora y lo verán nuestros hijos o nietos más adelante. Lo que viene también es conocido. Se avecina un período de recesión importante del cual solo saldremos con la aparición de una innovación tecnológica dramática y con la incorporación de nuevos países como economías dominantes.
Y no vale asustarse ni salir corriendo. Lo que conviene es capitalizar en las oportunidades que la crisis le presenta a nuestro país. Y creo que hay cuatro oportunidades que se pueden aprovechar: i) Subirá el precio del oro y nosotros seguiremos siendo un proveedor importante en el mundo. ii) Las inversiones financieras buscarán mercados más seguros y el Perú es sin duda uno de ellos. iii) Retornarán talentos que, debido a la recesión, no encontrarán posiciones en el mercado laboral de economías más desarrolladas. iv) Inversiones en la industria manufacturera se mudarán a países más estables (pero aún no; eso vendrá después). ¡Tenías razón Jürgen (Schuldt), de los ciclos económicos no nos escapamos!