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MUCHO OJO

Show con ratas

Por Fernando Vivas

Alan García repitió el viernes, cuando despedía al Gabinete Del Castillo, mi teoría favorita del espectáculo: que las apariencias son realidades. O sea, que lo que ves u oyes en la tele tiene tal peso en la opinión pública que a partir de allí se determina el rumbo de las crisis y de sus desenlaces.

Nada nuevo el aserto, pero García, con elocuencia de redivivo, quiso retrucar que las percepciones, como las realidades, también cambian: "Lo digo yo, que he asistido a mi propio funeral", remató, y recordó que otras percepciones de corrupción lo mandaron al exilio, lo congelaron políticamente, y jugando con ellas --¡Alan vuelve!, decía el magnífico eslogan para el que Hugo Otero se inspiró en las comedias terroríficas de Hollywood-- volvió a triunfar en elecciones libres.

Pues ahora este proceso es más rápido, entretenido e intertextual (el remedo se funde con el comentario editorial y el discurso del político con el fragmento de la cháchara chuponeada), y el petroescándalo que se trajo abajo un Gabinete ha producido con suma rapidez y contundencia una imagen que tapa cualquier otra: el hombre rata.

Y estamos viendo ratas que conversan y pactan, que roen y corrompen todo lo que se topa con ellas en el mismo encuadre. Lo gracioso es que la idea la dio el propio García cuando, anticipando la que se le venía encima en "Cuarto poder", habló de ellas en un acto público, de allí pasaron a portadas de la prensa escrita, y "El especial del humor" les ha dado tamaño familiar.

García se preparó políticamente para la tormenta, pero no sé si al provocar la imagen de las ratas el régimen saldrá ganando. En la dramaturgia de Álvarez y J.B. se asume que el presidente las combate, pero su cohabitación humorística con ellas puede establecer una nueva percepción: que la corrupción latente, la que vibra en las alcantarillas, ha vuelto o nunca se fue. Las percepciones cambian y de tanto cambiar pueden volver a su punto de partida.

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