PUNTO DE VISTA
Por Miguel Vivanco. Corresponsal
En las elecciones del 2004, el Partido Republicano obtuvo un significativo respaldo de los votantes latinos. En aquella ocasión alguien recordó una frase del ex presidente Ronald Reagan, quien luego de su reelección (con el 40% del voto hispano) dijo que todos los latinos eran republicanos, pero que todavía no lo sabían.
Esa tendencia se repitió al inicio de las elecciones primarias, cuando John McCain conquistó sin mayor esfuerzo la mitad de los votos hispanos. El respaldo era el reflejo de un reconocimiento al compromiso de McCain de aprobar una reforma a las leyes de inmigración.
Algo similar sucedió en otros segmentos del electorado estadounidense, principalmente en el sector de los votantes blancos de clase media y baja, quienes exigían ventajas tributarias y seguridad económica para sus familias. El tema de la guerra en Iraq y Afganistán era aceptado o interpretado como una exigencia para la seguridad nacional.
Los estrategas republicanos, después de conocer que el senador demócrata Barack Obama sería el rival de McCain, desarrollaron una campaña tan optimista que limitaba la batalla electoral a los tradicionales discursos y ataques personales, pero sin considerar la posibilidad de llegar al 4 de noviembre con márgenes de victoria muy estrechos.
Pero todo cambió de golpe. El torbellino financiero iniciado en el 2007 terminó por variar el derrotero político de republicanos y demócratas, al punto que Barack Obama encontró en la palabra 'cambio' el sendero que podría llevarlo a la victoria final, mientras que McCain, al apostar por la 'experiencia', provocó el lento traspaso de votos hacia la tienda rival.
El malestar de los votantes se generalizó cuando el senador John McCain respaldó la política económica del presidente Bush e intentó justificar los errores generados por los tecnócratas de Wall Street, ignorando el drama de miles de dueños de viviendas y jubilados.
La falta de tino para entender la frustración de la gente fue fatal para los estrategas republicanos. Hoy el voto latino se eleva como dirimente y los ideólogos republicanos no encuentran la forma de evitar que se marchen para el sector demócrata.
La misma situación se registra entre los votantes estadounidense indecisos, quienes al igual que los latinos, buscan soluciones reales a una crisis que jamás provocaron. La ilusión y la fantasía republicanas radican en que el tercer debate podría generar un error en el candidato demócrata, que al final revierta lo actuado.