Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

¿Comienza el efecto dominó en los partidos?

Por: Juan Paredes Castro |

En medio del escandaloso caso Quimper-León y de la crisis del Gabinete Ministerial y su consiguiente recambio, la derogatoria del voto preferencial en la Comisión de Constitución del Congreso pasó sin pena ni gloria, cuando lo que en verdad encierra es el efecto dominó que empiezan a vivir los partidos hacia su democratización interna.

La derogatoria, en primera instancia, de esta controvertida figura electoral, transmite un mensaje de rectificación saludable de los partidos políticos representados en el Congreso. Recuérdese que si no la mayoría, buena parte del total de parlamentarios le debe su puesto al voto preferencial. No sabemos si atendiendo al desprestigio creciente que rodea la actividad legislativa o al propio deseo parlamentario de superar ese desprestigio mediante un punto de quiebre radical, la Comisión de Constitución ha puesto en las puertas del plenario del Congreso la mayor prueba de voluntad política para cambiar las cosas al interior de los partidos políticos.

De ahí que es válida la pregunta de si la derogatoria del voto preferencial camino al plenario supone la posibilidad de que el pan pueda quemarse en la puerta del horno o la seguridad de que el efecto dominó de la ansiada democratización de los partidos haya comenzado en verdad y que los siguientes pasos no serían otros que las necesarias y puntuales reformas que ha propuesto la ONPE, vía el JNE, de la ley que norma la vida de las organizaciones políticas del país.

La suma de no pocos casos de corrupción de parlamentarios, con ribetes de escándalo e impunidad, ha sido sin duda una de las razones de peso que ha llevado al convencimiento colectivo de que las listas partidarias de candidatos al Congreso, amparadas en el voto preferencial, tienen un origen de mayúscula irresponsabilidad, que alcanza, claro está, a las cúpulas de turno.

El efecto dominó siguiente tendría que conducir por eso al establecimiento de la obligatoriedad de elecciones democráticas internas en los partidos, con vigilancia de la ONPE y del JNE, y con la eliminación de cualquier alternativa asambleísta capaz de desnaturalizar los actos de votación legítimos y sus resultados. Solo así el sistema político podrá ganar confiabilidad y la representación parlamentaria futura tendrá menos motivos para avergonzarse de sí misma, pues la honestidad y la idoneidad pasarían a constituir en ella su sello de cambio.

Bienvenido pues el efecto dominó de la democratización en los partidos.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook