Por Élida Román
Según C.G. Jung, la madera es símbolo de la madre.
Y los persas aseguraban que sus vetas eran portadoras del fuego y la vitalidad. Ambas referencias parecen pertinentes al enfrentar las obras que Ana Orejuela está presentando bajo el título "En silencio" (Galería Fórum).
Sin poder desligar la gran calidad del oficio que se reconoce a través de ellas, del efecto de asombro que producen, es en el tema representado o sugerido, donde reside la intensidad de cada una. Tanto en "Barriga", que recuerda alguna criatura marina más intuida que conocida, o en los relieves de pequeño formato, cargados de referencias genitales y simbólicas de génesis y procreación, Orejuela logra hacer vibrar el material empleado, perfectamente pulido, de apariencia suave, recordando la piel joven y el cuerpo dispuesto. El conjunto restante no es una serie o grupo, pensado como un discurso continuo. Son piezas únicas, en forma y tratamiento, que parecieran responder a conceptos, ideas, pensamientos y sensaciones de momentos establecidos y sin relación interactuante.
Los pequeños sobre la columna, apoyados en las piezas de rompecabezas, o la mujer-animal, con varios pares de mamas que se descubren al entreabrir el abrigo, en una clara referencia al rol materno, a la provisión de vida y protección, la increíble "Frazadita", los "Canvas" perfectos que sirven de soporte al retrato de los niños, todos vuelven a esa referencia a maternidad alabada, a protección amorosa y homenaje a las vidas encomendadas.
Pero es "Vacío", la obra que más impacta, intriga y fascina. Solo las manos, una sosteniendo el ramo de flores, ratifican la presencia humana. El resto es un largo abrigo abierto, donde solo se encuentran las flores cayendo. Obra que concluye el poema y deja abierta la interpretación. Una muy buena exposición de una escultora que quisiéramos encontrar con más frecuencia.
El maestro Miguel Nieri, importante representante de la generación del 60, nos sorprende con una exposición de óleos recientes, donde emprende un giro inusitado en su pintura.
"Estructuras" reúne obras realizadas en los últimos dos años, donde pareciera comenzar una clara incursión en esa zona poco definible entre abstracción y figuración. Si bien toda la obra de Nieri, hasta hace poco, se enrolaba en un expresionismo abstracto, con el empleo de grandes manchas oponentes y elementos de reminiscencia totémica, ahora no vacila en recurrir a artificios geométricos que, en algunas de las obras, hacen pensar en el andamiaje en el que se asentaban las anteriores.
La construcción de imagen sigue las pautas anteriores, haciéndolas ahora evidentes, como un despojamiento de vestiduras y una aparición del esqueleto que las posibilitaba, en un ejercicio que demuestra el dominio de oficio que posee el autor.
Paleta escueta, austera, buen juego de claroscuros y un ritmo propio, interior, que vuelve ligeros estos entramados de bandas definidas y entrecruzamientos complejos.
Algún esbozo de figura, pequeño y sutil, sugiere una aproximación a vías hasta ahora no transitadas por Nieri. Es un conjunto de notable fuerza y, sobre todo, renovada frescura. La pintura joven de un artista mayor.