Por Raúl Cachay A.
Apelar al chiste fácil, el gag automático y la broma escatológica es un recurso muy habitual en las comedias irremediablemente estúpidas que Hollywood suele esparcir como una epidemia por los multicines del mundo cada semana (como las que protagonizan payasos insufribles como Rob Scheider o Andy Dick, o todavía peor, las que parodian sin demasiada creatividad los 'blockbusters' de turno). Afortunadamente, todavía hay excepciones. Como este filme de Ben Stiller que sorprende gratamente no solo por la inteligencia de sus montajes humorísticos, sino también por la manera en que se ríe de muchos de los elementos y clichés que han convertido a la industria cinematográfica de Estados Unidos en una Babel fuera de control.
Y, por encima de todo, de sus referencias a incontables momentos clásicos (y no tanto) del cine, de la sensacional transformación de Robert Downey Jr. en Samuel L. Jackson (¿Denzel Washington? ¿Laurence Fishburne?) o la participación igualmente desopilante de un Tom Cruise irreconocible, esta película consagra a su director-protagonista como la principal fuerza humorística del cine contemporáneo. Stiller, que hace ya muchos años debutó en la dirección con la muy discreta "Reality Bites" (que extrañamente se terminó convirtiendo en un ícono generacional de la década de los 90) y que en el 2001 refrendó esa suerte de clásico instantáneo llamado "Zoolander", demuestra aquí que tiene una gran muñeca para manejar un reparto variopinto y repleto de estrellas, y que es capaz de presentarnos a figuras muy conocidas en situaciones (y disfraces) absolutamente inesperados. Antes, en "Zoolander", fueron David Bowie, Jon Voight, su propio padre Jerry Stiller y muchos otros; hoy nos trae a un Cruise gordo y pelado; a un Nick Nolte que parece imitar su propio aspecto en las fotografías que distribuyó la policía luego de unos de sus recientes arrestos; y los habituales 'cameos', que en este caso incluyen a Tobey Maguire, el cantante Lance Bass, Alicia Silverstone, etc.
"La noche americana" en anfetaminas, un 'sketch' extenso de "Apocalipsis ahora!" para "Saturday Night Live", en fin, hay muchas formas de definir este carnaval de incorrección política y un sentido del humor capaz de doblegar hasta el más impávido de los espectadores. Pero mejor vayan al cine y arrástrense de la risa durante casi dos horas. La terapia está garantizada.