HABLE CON ELLA
Por Marcela Robles
No se trata de la húngara Erzebeth Bathory, la condesa sangrienta que torturaba a sus víctimas y se alimentaba de la sangre de doncellas para mantenerse joven; y menos de una idea original, porque la tradición literaria y la filmografía sobre vampiros tiene larga data; desde el "Nosferatu" de Murnau, pasando por "Drácula" de Bram Stoker (novelas llevadas a la pantalla), sumadas a decenas de vampiros contemporáneos y sus detractores, como Buffy o Blade, que ya han llegado a la TV. Aquí estamos ante un fenómeno de ventas que ha sobrepasado algunas barreras en ríos de dinero y no de sangre.
"Quédate quieta, susurra Sin apartar su mirada de mis ojos se inclina hacia mí. Entonces, abruptamente, pero con delicadeza, descansa su fría mejilla en la hendidura de la base de mi garganta". Breve fragmento de "Twilight" ("Crepúsculo"), primera novela de la escritora estadounidense Stephenie Meyer, de solo 34 años, que está causando furor entre lectores adolescentes, sin excluir a los adultos, que la siguen con fascinación.
Luego continuaron "Luna nueva", "Eclipse" y "Amanecer" (en Lima bajo el sello Alfaguara). Las ediciones han vendido más de 5,3 millones de copias en EE.UU. y los libros estuvieron 143 semanas en la lista de 'best-sellers' del "New York Times". Cuando "Eclipse" se publicó, desplazó en algunas listas nada menos que al último libro de la saga de Harry Potter. Su próxima novela, "The Host", con la que abandonará el tema de los vampiros, aparecerá en noviembre de este año, paralelamente al estreno de la película basada en la primera novela de quien ha sido considerada como la nueva J.K. Rowlings.
Más que analizar el valor literario de la producción de Meyer, cuestionable por cierto, me interesa la forma en que aborda la mitología vampírica, dándole una vuelta de tuerca al mal e instinto insaciable de sangre de estos muertos vivientes que huyen de la luz. Aquí se trata de la tensión erótica que genera esta literatura proveniente de prolongados actos sobrehumanos de restricción o abstinencia. ¿Una manera de volver al romanticismo asociado a la lucha contra el mal?
"Solo porque me resisto a beber el vino no significa que no puedo percibir el aroma", dice Edgard Cullen, el vampiro. Nunca llega a poseer a Bella, la heroína, y no queda del todo claro si quiere hacerle el amor y/o hincar sus colmillos en su garganta; pero hay algo contradictorio que desea con todas sus fuerzas. El que no pueda consumar 'la mordedura erótica', espolea el interés del lector, en relatos que resultan deliciosamente morbosos aunque inofensivos.
¿Explotación del erotismo adolescente? A pesar de que sus editores le exigen con presión que incluya escenas de sexo explícito, Stephenie señala que a partir de ahí no habría a dónde ir.
Edward y el clan de los Cullen no son vampiros ordinarios, han renunciado a la sangre humana basados en una opción moral y se alimentan de la de animales salvajes. La voluntad de elegir un camino diferente, en general, es uno de los temas fundamentales en esta obra, según ha declarado Meyer sobre la metáfora de sus personajes. "No importa si estás atascado con algo que se supone debes ser o hacer, siempre será uno capaz de revertir su destino". "Nada de 'mensajes", aclara Meyer. "Escribo para entretenimiento de los lectores. Y encuentro placentero explorar acerca del amor y cómo nos cambia la vida".
En fin, después de todo, un buen mordisco en la yugular que te lleve al éxtasis final, sería una manera de morir con gran estilo.