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EDITORIAL

El hacha del mago

Por Roberto Abusada Salah. Economista

En las últimas semanas, personas generalmente bien informadas han criticado la política del equipo económico, tanto del MEF como del BCR, por tratar de moderar el gasto público y la demanda privada. En el centro de estas críticas se encuentra la noción de que se está sobrerreaccionando con cortes draconianos ante la preocupación por la inflación; que esta bajará sola debido a la caída reciente en los precios de los principales alimentos en el mercado mundial y que tratar de bajar el crecimiento cuando el mundo se encamina a una recesión es un grave error que podría frenar una etapa inédita de crecimiento del país.

Es cierto que los precios de productos tan importantes, como el trigo, el maíz y la soya, han caído de manera importante desde sus picos de inicios de año y que ello ayudará a bajar la inflación. También es cierto que en los últimos días se ha hecho cada vez más patente que la recesión en el mundo desarrollado es ya una realidad.

Contrariamente a aquellas críticas, creo que las políticas adoptadas han sido sumamente adecuadas para proteger --no para bajar-- el crecimiento. En el lado fiscal se ha tratado únicamente de moderar un gasto desbocado y quizás dispendioso. A mi juicio, el ministro Valdivieso no ha comunicado suficientemente un hecho patente: con respecto al año pasado, en el presente año el gasto público será mayor en aproximadamente 14% al del año pasado, con un gasto de inversión que aumenta en 36%. Y, a su vez, el proyecto de presupuesto del Ejecutivo para el 2009 incluye un aumento de 11,7% (incluyendo el Foniprel) con un aumento en inversión del 22,1%.

Los ahorros fiscales que el Perú ha logrado en estos años de altos precios de exportación y el enorme aumento en las reservas internacionales acumuladas por el BCR, se tornan ahora, quizás, en las fortalezas más útiles para enfrentar la descomunal crisis externa. Hemos visto cómo, en los últimos días de pánico económico, el Perú no ha experimentado fuga de capitales importantes, ni quiebras corporativas, ni devaluación de su moneda, ni la elevación en las tasas de interés, en magnitud siquiera comparable a la observada en países que poseen también la calificación de grado de inversión como Brasil o México.

El sistema financiero se encuentra sólido y sumamente líquido, sus adeudos con el exterior son, en gran parte, de largo plazo y la morosidad bancaria se encuentra en su nivel histórico más bajo.

La reservas internacionales exceden nuestra deuda externa; somos, por tanto, acreedores y no deudores del exterior. Igualmente, esas reservas exceden el íntegro de los depósitos en soles y dólares en el sistema bancario.

Aprovechando esas fortalezas, el Perú anunció su salida al mercado a emitir un bono soberano a muy largo plazo; no porque se necesite el dinero sino para afirmar ante los mercados mundiales nuestro buen manejo económico, hacer valer nuestro grado de inversión y diferenciarnos de otros países. Se trata, pues, de una estrategia para proteger el crecimiento económico fortaleciendo la confianza doméstica e internacional. En el momento actual la confianza se torna en elemento crucial que quizás termine definiendo si en el 2009 el Perú logre crecer 7% o solo 3% y tenemos que hacer todo lo posible para acercarnos a la primera cifra.

Se apreciará, entonces, en toda su magnitud, por qué valió la pena estar preparados. El MEF y el BCR pueden hoy hacer mucho para inspirar confianza de manera creíble. El fisco se encuentra ahora en posibilidad, de ser necesario, de aumentar el gasto público en inversión de manera muy importante, trabajar con más vigor en asociaciones público-privadas para infraestructura; asistir a la banca en su tarea de conseguir más y más baratas líneas de crédito de largo plazo; reforzar los programas de vivienda popular y tantas otras tareas para que, a contrapelo de lo que de seguro sucederá en el mundo desarrollado, el Perú pueda sostener el próximo año, el crecimiento que es de lejos el arma principal para terminar con la pobreza.

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