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ECONOMÍA

El resurgir de una bailarina de ballet

Susan Neumann

Por Antonio Orjeda

Las mamás parecen mucho más afanosas que sus lindas princesitas. A todas ellas --a madres e hijas--, Susan Neumann las tiene a raya. De lo contrario no habrían logrado los trofeos y medallas que han traído de Argentina tras haber participado con éxito en Danzamérica 2008.

Cuatro años atrás, Susan y Dante, su marido, abrieron el Estudio Danzaira. Pese a su constante crecimiento, ella sigue siendo la única profesora, pues hasta ahora no halla a otra con su misma vocación para enseñar ballet.

Su sueño era ser bailarina de ballet, pero a los 15 salió embarazada. ¿Qué implicó eso?
Muchas cosas. Tuve que dejar lo que más me apasionaba. Yo hice ballet desde los 7 años, soñaba con ser bailarina. ¡Siempre soñé con eso! Tuve que dejar el quinto de secundaria y terminarlo después, embarazada. Para mí, dejar el ballet fue durísimo.

Su sueño se terminó de sepultar cuando dos años después tuvo a su segundo hijo.
Exactamente. Me fui a vivir a Chile con mi primer compromiso y decidimos regresar porque estaba embarazada de mi segundo hijo... Regresamos también porque las cosas ya no andaban bien.

El bebe nace y al poco tiempo se separan.
Al tercer mes de nacido, decidí regresar a la casa de mis padres.

Si su sueño era ser bailarina, con dos hijos y separada...
¡Me cambió el mundo!

Tenía que trabajar para mantener a los hijos.
Fue muy difícil. Yo recién estaba por cumplir 18 años. Nadie me daba trabajo y mis hijos ya tenían que ir al nido...

¿Cómo veía su vida?
¡No entendía lo que pasaba! Había pasado de niña a madre, y todavía no lo podía asimilar.

¿Quién fue su soporte?
Mis padres, mis hermanos, que siempre han estado conmigo... Y tienes que trabajar porque ¡son tus hijos! La familia de mi ex esposo se desentendió del tema, yo quedé sola. Empecé a trabajar: primero en una agencia de viajes, mientras estudiaba; luego conseguí otro trabajo, en una fábrica textil...

Ahí cambió su vida.
Ahí cambió todo. Nunca lo voy a olvidar: entré un 6 de junio --el día del santo de mi hijo mayor-- y conocí al que es mi actual esposo.

Se enamoró del hijo del dueño de la empresa.
¡Exacto! Mantuvimos durante dos años una amistad lindísima, porque él es un hombre buenísimo, siempre me apoyaba, siempre estaba ahí, y se moría por conocer a los chicos; y fue naciendo la relación. Obviamente, su familia dijo: "¡Cómo vas a estar con una mujer que tiene dos hijos! ¡Ni hablar!"

Lima es una ciudad pacata, que tiende harto a las habladurías...
Y se podía prestar a otras cosas: a que estaba con él por interés...

¿Cómo lo afrontó?
Mi esposo lo afrontó muy bien. Su madre le dijo: "Mira, hijito, ella tiene su vida hecha...". Y él: "No tiene la vida hecha, está más bien deshecha. Yo la quiero". ¡Peleó con todo el mundo! Y hoy somos realmente felices.

Eso habla muy bien de él.
¡Él es una persona espectacular! Siempre dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Yo creo que en este caso, es al revés. Él está siempre ahí. Yo soy vehemente al 100% y él es igual. Nos balanceamos muy bien: él me empuja y yo lo empujo... Hemos hecho miles de sacrificios por conseguir lo que queríamos.

Uno podría pensar que a partir de entonces su vida se hizo fácil.
Los dos hemos trabajado duro y parejo. Los dos mantenemos el hogar, nuestros gastos están divididos 50% y 50%. Siempre ha sido así y no nos molesta porque sentimos que nos estamos desarrollando personal y profesionalmente, ¡y que somos independientes!

¿En qué momento volvió a aparecer el ballet?
En un principio fue un problema, porque como soy a veces tan extremista con las cosas, me apasiono tanto, que cuando decidí volver al ballet --que fue durante nuestro segundo año de relación-- a él le afectó bastante.

¿Por qué?
A él le encantaba que hiciera ballet, pero me decía ¡que no exagere la cosa! "Tienes una familia". Pero mi visión no era regresar como bailarina sino como lo que siempre había querido: profesora de ballet.

¿En qué momento supo que eso era lo suyo?
Desde chiquita. Mi hermana menor era gordita y yo la encerraba en el cuarto ¡para enseñarle ballet! "Por favor, ¡no me tortures!". Ella lloraba y yo la encerraba para enseñarle...

¿Cómo convenció a su esposo?
Fue muy difícil. Creo que también fue la parte que vive toda pareja durante sus primeros años de matrimonio: él quería estar siempre conmigo, no entendía muy bien lo del ballet, pero se metió en esto cuando yo lo llevé y le enseñé qué era lo que hacía, ¡porque hasta fuimos a terapia! Y no porque nuestro matrimonio fuese mal, sino porque a raíz de eso, de una cosa tonta...

Suele ocurrir, ¿no? Cuando a uno le apasiona algo, es básico que su pareja lo sepa entender.
¡Yo también entendía su trabajo! Él era gerente de producción, y muchas veces tenía que estar fuera de noche, de madrugada, domingos, sábados... Y yo le decía: "Yo te comprendo".

Ese era su argumento.
Yo le decía: "Yo te entiendo; tú, apóyame". Y ahora lo ves: él es el encargado de iluminación, de fotografía, hacemos las escenografías juntos...

No solo él. Sus hijos mayores ahora tienen 18 y 16 años y también son sus colaboradores.
Participan en las presentaciones. ¡Toda la familia está implicada!

Acaba de regresar de Córdova, Argentina, donde se realizó el Danzamérica 2008 y a usted y a sus alumnas les fue muy bien.
Participaron 14 niñas, algunas fueron con sus madres; y fue una experiencia hermosa, porque a veces tengo que luchar tanto con las madres, explicarles que tenemos que ensayar, que no pueden faltar... ¡Me llamaron de todo! Dijeron que hasta discriminaba a las niñas porque escogía a una y no a otra, yo les explicaba por qué tomaba mis decisiones.

Bueno, y la mejor prueba de su eficiencia es que resultó la mejor profesora de ballet.
Fue algo inesperado... Hemos trabajado tan fuerte, a veces me criticaban: "¡Por qué trabajas tanto!". Yo les decía: "¡Si queremos lograr algo, tenemos que dedicarnos a full! Estamos enfrentándonos a las potencias del ballet en Latinoamérica y nosotros nos estamos preparando ¡para ganar!".

Lo loco es que aquí no queda todo: hace un par de años abrió un taller de confecciones en el que está trabajando con madres de asentamientos humanos.
Sí. Inicialmente queríamos tener una ONG --para ayudarlas-- pero formamos la empresa de tejidos, a la cual me dedico en las mañanas, y tenemos planes de exportación. Ya tenemos un representante en Alemania.

¿No bastaba con la danza? ¿Por qué meterse en más cosas?
El que mucho abarca, poco aprieta, ¿no? (ríe)... Pero si te das cuenta, todo está relacionado con el arte. Además, siento que tengo la capacidad para hacer ¡más cosas! Por el momento me voy a quedar con estas dos empresas, aunque al ballet yo no lo veo como una empresa.

Por más que le esté rindiendo económicamente.
A veces pierdo, porque como me apasiona tanto... Yo quiero que en el país se desarrolle este arte, que tengamos más semilleros, y mi mayor satisfacción será cuando vea a estas niñas bailar en un ballet famoso o que representen al país --como nos ha pasado ahora (en Argentina)-- y que ellas sean felices.

A los 18 su vida parecía estar fregada. Usted es la muestra de que con punche se puede todo.
No podemos dejar de soñar. Yo he pasado cosas muy duras... y ahora tengo una vida feliz.

¿Qué dicen ahora sus padres? En su momento debieron estar muy preocupados por usted.
No lo pueden creer. Dicen: "Pucha, ¡cómo trabaja! Susan se rompe el lomo, está a full y ella sigue, y no para". Y es la verdad.

¿Y por qué no para?
Porque esto es pasión.

LA FICHA
Nombre:
Susan Giulianna Neumann Iglesias.
Colegio: La primaria en el Virgen del Carmen y, la secundaria, en el Hosanna.
Estudios: Administradora del Centro Peruano de Estudios Bancarios. "Los hice en paralelo mientras trabajaba".
Edad: 34 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de Danzaira y de Neumann & Lour.

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