Por Fiorella Carrera Díaz
Han pasado 9 años de la creación del Código de ética mundial del turismo. ¿Cuánto se ha avanzado?
Tuvo un inicio difícil, que se enraizó en la redacción del documento por parte de la Organización Mundial de Turismo (OMT), una de las agencias de las Naciones Unidas. Al fin y al cabo, estos grandes organismos no dejan de tener un componente político bastante importante. Es ahí donde las cosas se atascan, sobre todo en la negociación.
¿Cuál es la particularidad del sistema?
En la OMT hay estados miembros, pero también hay representantes de asociaciones empresariales y alguna representación de consumidores, por lo que es muy difícil ponernos todos de acuerdo. La propia redacción ya implicó bastantes acuerdos políticos, pero es una buena inspiración para la aplicación de cualquier actividad empresarial o turística que se quiera hacer.
¿Dónde entra a tallar su trabajo?
La redacción del código seguía siendo muy general, así que nos encargaron (a mí y a un grupo de investigadores de la universidad Sant Ignasi-Sarria, España) que realizáramos unos parámetros de aplicación y, sobre todo, que diéramos orientaciones al comité de ética mundial, institución dentro de la OMT que se encargaría de supervisar el cumplimiento del código.
¿Y cuáles fueron los resultados?
Este comité aún no ha conseguido supervisar en su totalidad. Andan en discusiones porque muchos de los estados miembros consideran que se obliga demasiado, incluso algunas empresas se resisten, ya que hace que realicen cambios en sus formatos de actividad, medidas de protección para sus propios trabajadores y las comunidades donde se realiza el turismo, y es justamente allí, donde hay más resistencia.
Pero siempre habrá ese conflicto entre los intereses económicos y los de responsabilidad social...
Efectivamente, de hecho la OMT nace no como una organización para velar por un turismo correcto, sino para promocionarlo económicamente. Es con el tiempo que se empieza a ver que el turismo mal planificado da problemas y es realmente nocivo para un entorno, una comunidad, llegando a generar conflictos difíciles de resolver.
¿Y en el área de recursos humanos, cómo es la supervisión?
El Comité de Ética Mundial también se debería encargar de eso. Nosotros somos investigadores, nos encargamos de seguir casos de empresas turísticas que cometen faltas en este aspecto en específico. El cliente interno, es decir el empleado, es una de las grandes áreas que requiere supervisión. En muchos casos, el empleado turístico tiene trabajos de baja calidad (sobre todo el local) porque muchas empresas transnacionales optan por importar trabajadores, en lugar de apostar por la formación del trabajador nacional.
¿Esto es por una cuestión de costos?
Es más por un tema de comodidad. Pero es contraproducente porque a largo plazo siempre un empleado local formado va a producir mejores resultados, porque tiene una presencia más estable. De esa forma, se enraiza la empresa en el territorio, teniendo empleados locales y bien capacitados (debe haber una inversión inicial para que se puedan ubicar buenos puestos). Allí entran a tallar los centros de formación, las universidades para forjar nuevos valores.