Por Mariella Balbi
Transmito opiniones diversas, escuchadas en todo tipo de espacio social limeño sobre la detención de Magaly Medina, un personaje presente en las emociones y afectos de los peruanos en negativo o en positivo, pero los habita. "¡Soooomos liiibres, sooomos libres!", gritaba eufórico un agraviado por la conductora, exhibiendo una enorme alegría. De manera pública, una 'habitué' del mundo del espectáculo declaró algo así como que ahora podía ir a festejar y tomarse unos tragos libremente. "Bien hecho, le cayó su estatequieto. La jueza ha sido justa", dice una señora del sector social A/B. Su marido, un poco más filosófico, se pregunta por el límite del respeto a la intimidad que debe tener un espacio televisivo. "¿Por qué tiene que afectar el derecho a la intimidad de las parejas, ventilando infidelidades y destruyendo familias? Esto --concluye-- forma parte de la vida privada".
"Pero mucha gente la aprecia", enfatiza una mujer más joven. Y alguien del sector C/D le expresa su total respaldo: "Ella hace bien, denuncia a todos los borrachos, a esos futbolistas y a los mujeriegos". Quienes aprueban el quehacer de la conductora se basan en el papel justiciero que representa para ellos una suerte de fiscal de las buenas costumbres, una guachimana de la conducta pública. Y eso es precisamente lo que irrita a quienes la aborrecen, que hurgue en las pequeñas miserias de la gente, que encone, que destruya. "Y lo hace porque tiene una cámara que nosotros no tenemos, no le interesa la ética sino que sabe que con eso gana millones. Es una negociante sin escrúpulos. Si me pagaran, yo la persigo hasta el infierno y me entero de todas sus debilidades", descarga un jurista no tan joven.
La condena a cinco meses de cárcel parece un exceso para quienes la defienden e incluso un grupo de sus detractores --aquellos que le recuerdan que hizo llorar a tantas madres-- lo ve así. Lo que sí queda más o menos claro en ambos bandos es que no estamos ante una cortina de humo, ni ante un atropello a la libertad de expresión. "Ella mintió y difamó a un futbolista que perdió contratos. Es bien fácil agraviar y luego pagar. La cárcel la puede hacer reflexionar", expresa una persona de la prensa. Otros colegas sugieren que se disculpe ante el deportista, cosa negada por ella. Ante esto un galeno del alma afirma: "Está ebria de poder, cree que todo lo puede y que saldrá fácil de esta". Juzgue usted, pero solo la Corte Superior de Justicia lo dirá.