Tierra Virgen: Reserva de Pacaya Samiria
Por Jack Lo Lau
Tendrá y verá de todo. Todo lo que la naturaleza en este rincón del planeta (2 millones 80 mil hectáreas) le permitirá contemplar. Todo lo que sus sentidos estén dispuestos a percibir. Todo lo que los pobladores de la zona le regalarán, desde agua de coco hasta una inocente sonrisa que sale del rostro de una niña que juega en la orilla del río Marañón. Todo, aunque suene fantasioso, es maravilloso. Todo esto es el Pacaya Samiria, la reserva nacional, uno de los pocos pulmones limpios del mundo, ubicada en Iquitos, en la selva del Perú, nuestro país. Una fantasía. Como para no creerlo. Tiene que verlo.
RÍO ADENTRO
Para llegar tome un avión hacia Iquitos. Una vez ahí, embárquese hacia el puerto de Nauta, a 93 kilómetros de una de las ciudades más importantes del oriente peruano. Es en ese punto donde debe aprovechar para comprar todo lo que se olvidó en Lima, pues será el último lugar de abastecimiento. Así es que si no fue precavido, puede reivindicarse y adquirir linternas, repelentes e incluso ropa interior. De acá en adelante, abra los ojos, aguce sus oídos, desintoxique su mente, estire los brazos y déjese acariciar por la naturaleza.
No se preocupe. Es muy probable que su pasaje y estadía se paguen solos durante el primer y segundo día en la reserva. Tendría que tener muy mala suerte para que no sea así. 449 especies de aves, 102 especies de mamíferos, 69 especies de reptiles, 58 especies de anfibios, 256 especies de peces, 965 especies de plantas silvestres registradas, 59 especies de plantas cultivadas son algunas razones --nada despreciables-- para que su viaje se vuelva inolvidable.
Un primer consejo: cuando llegue la noche y brillen las estrellas mientras todo esté oscuro, cierre los ojos y expanda su capacidad auditiva, que los sonidos que escuchará lo relajarán. Es muy probable que no identifique de dónde provienen, solo sabrá que están ahí. Se sentirá solo, reducido a nada, pero a la vez, en medio de todo.
TRABAJO DE TODOS
En la entrada a la reserva verá uno de los espectáculos más requeridos. Al mismo estilo de Sea World, delfines rosados y grises saldrán a saludarlo y a agradecerle su visita. Así es que trátelos bien, obsérvelos y, lo más importante: agilice sus dedos para tomarles la mayor cantidad de fotos. Ellos le coquetean y salen por donde menos se lo imagina.
El río Marañón cambia constantemente. Durante la mitad del año aproximadamente, a veces más, a veces menos, el río crece (conocido como el tiempo de creciente) y en la otra, el río, como es lógico, baja (vaciante). Cuando viene la época de vaciante, los pobladores empiezan a cultivar en las pequeñas pero productivas playas que se forman en la orilla del río. En estas se puede apreciar arroz, sandía, melones, pepino, caigua, frejol, yuca, maíz y todo lo que pueda aprovecharse en esos pocos meses del año. Puede acercarse a verlos, la gente es muy amable. Están acostumbrados a la llegada de los turistas y han sido asesorados por varios organismos que trabajan en el desarrollo sostenible de la zona, no solo para tener una mejor calidad de vida, sino también para tratar a los foráneos. Por ejemplo, Doña Lucha, del pueblo 20 de Enero, no dudará en presentarle, muy amablemente, su pequeña chacra temporal y regalarle una jugosa sandía para la merienda de la tarde. Puede buscarla, tendrá mucha suerte al encontrarla.
En 20 de Enero, así como en varios pueblos dentro de la reserva, encontrará a todos con una predisposición al progreso. Gracias al apoyo de organismos privados y estatales, aprovechan sus recursos al máximo. Realizan trabajos de conservación que tratan de reducir los impactos negativos que causa la explotación de petróleo, que suele ser más atractivo económicamente para la gente. Sin embargo, muchos están entendiendo que eso que da más plata, está matando lo que tanto quieren. Entre sus principales actividades destacan el manejo de palmeras, de suelos y de los recursos pesqueros, en donde encontramos a la araguana y el paiche, deliciosos peces de río. También han aprendido, en varios talleres de confección, a hacer collares, aretes y demás, con semillas de la zona. Si está ahí, ayúdelos, compre algunas joyas amazónicas; sus emergentes y novatos artesanos se lo agradecerán más de lo que usted piensa.
También puede pescar --no de manera comercial--pero sí para comer. Puede incluso, en ciertas zonas, lanzar su cuerda y conseguir algunas pirañas para degustarlas fritas en la noche. Puede probar con uno, tal vez.
Si quiere full aventura, puede coordinar con los pueblos o con el Pacaya Samiria Amazon Lodge, para pernoctar dentro de la selva. Ellos le armarán el campamento y se encargarán de todo. Sin embargo, si desea algo más de comodidad se puede quedar en el lodge o en los refugios de los pueblos. Para todos hay.
Este es un extracto de lo reconfortante que será su estadía en el Pacaya Samiria. Un lugar en donde los sueños tienen color y el aire tiene sabor, un sabor que endulzará su alma para siempre. No pierda las esperanzas. Todavía hay pureza en el aire y también en el corazón de la gente. Por lo menos, en un rincón del Perú.
ALLÁ VAMOS
Cómo llegar: Desde Iquitos puede hacerlo por río directamente o por carretera hasta Nauta y después coger un bote hasta la reserva. El trayecto dura entre 2 y 4 horas. Recomendaciones: Tiene que entrar con un guía autorizado. Lleve polo manga larga, bloqueador, gorra, lentes de sol, zapatillas y repelente.
Precios: El viaje (sin boleto aéreo) puede costarle desde US$350 por un promedio de 3 días.
Más información: Inrena (Lima) 225-1053. Dircetur Iquitos (065)234609. Of. Jef. Pacaya (065) 223460. Pacaya Samiria Amazon Lodge 446-2739.
Web www.pacayasamiria.com.pe