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PUNTO DE VISTA

Una crisis de confianza

Por Jorge Medina Méndez. Contador*

El problema hipotecario norteamericano ha dado lugar a la mayor crisis económica global de los últimos tiempos. No obstante las diversas medidas ensayadas por los gobiernos y bancos centrales de Estados Unidos y Europa para normalizar el funcionamiento de los mercados, estos no han reaccionado y sigue la incertidumbre. ¿Por qué tanto pesimismo no obstante las medidas de capitalización, compra de deuda tóxica, garantías a depósitos, entre otros, que aún no logran reactivar el crédito e impulsar las economías? Por una simple --aunque importante-- razón: se ha afectado profundamente la confianza del mercado. El sistema, tal como funciona hoy, ha perdido credibilidad frente a inversionistas, empresas y consumidores en general.

Legisladores, reguladores, supervisores, inversionistas y todos quienes participan en el mercado tienen que repensar sus roles, pues quedan pocas dudas de que se necesita un nuevo escenario, tal como lo han mencionado Gordon Brown ("debemos construir un nuevo Bretton Woods"), Nicolas Sarkozy ("requerimos refundar globalmente el capitalismo con nuevas reglas que rijan el orden mundial de las finanzas") o Mario Vargas Llosa ("los liberales debemos revisar la idea de que a menor Estado, mejor funcionamiento de la sociedad").

Es tan profunda esta crisis, que se requiere ver más allá de sus aparentes causas. Mencionaré dos aspectos fundamentales. Primero: es un hecho que las actuales normas y regulaciones, reportes financieros, y sistemas de control interno y manejo de riesgos fueron desarrollados para una realidad diferente, cuando los negocios no eran tan globales ni la tecnología tan poderosa. Si esto no se revisa en profundidad para adaptarse a la realidad actual, seguirán ocurriendo desastres que como el actual rayan con lo absurdo e inverosímil.

Segundo, y más relevante aun, es la evidente falta de responsabilidad, transparencia y ética que ha evidenciado esta crisis. Fue irresponsable la nula regulación y supervisión sobre los bancos de inversión. No fue nada ético no advertir los peligros de un 'boom' inmobiliario asociado a bajas tasas de interés. Tampoco lo fue buscar a toda costa incrementar las ganancias y el valor de la acción, u ocultar información al mercado sobre la verdadera calidad de los créditos 'sub prime'.

La actual crisis no es un asunto contable, como se pretende sostener, sino un tema económico. El desplome de los mercados está influido por la falta de responsabilidad, transparencia y ética. Se debe dar toda la información posible al mercado e inversionistas. Limitarla es engañoso y antiético. Y cuidado con confundir el revelar la situación real de las cosas con actos de 'terrorismo financiero'. Este se refiere a información falsa o engañosa propalada irregularmente; lo primero, en cambio, es correcto y legal.

Informar con transparencia la realidad económica evitará decisiones erradas que terminen en crisis de confianza. Pronto los mercados globales verán cambios importantes en la relación del Estado y el sector financiero.

*Ernest & Young Perú

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