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CINE

Crimen oculto

Los 'skaters' como metáfora.En el más reciente filme de Gus Van Sant, un parque de patinaje se vuelve una suerte de refugio mental ante la experiencia de la culpa en una sociedad que se disgrega.

Por Ricardo Bedoya

Álex es un adolescente de Port-land. Va a la escuela, tiene un aire lánguido y cierto desaliño. Suele ir al llamado Paranoid Park a deslizarse con su 'skate', como otros muchachos de su escuela y su edad. Álex está involucrado en un acto criminal, pero acaso no lo recuerda, no le importa, no lo siente, no le genera culpa. O tal vez sí, de un modo tan agudo y poderoso que lo mantiene ensimismado, volcado a la fantasía alada de la ingravidez de un patín suspendido en el aire.

Álex es el personaje principal de "Crimen oculto", equívoco título con el que se exhibe "Paranoid Park", de Gus Van Sant, el director de "Mala noche", "Drugstore Cowboy", "Mi Idaho Privado", "Elephant", "Gerry", "Last Days", por citar solo los títulos de su filón independiente, alejado de Hollywood, a las que se integra "Paranoid Park".

El crimen en el cine suele venir acompañado por exposición y resolución, pruebas y peripecias, mortificación y culpa, castigo o redención. Aquí no hay nada de eso. "Paranoid Park" es el retrato de un adolescente y de la opacidad del mundo que lo rodea. Un mundo de adultos vistos de espaldas, fuera de foco o bajo los signos imprecisos de un gesto, una pose, una apariencia (el policía con su estilo de amable amenaza; el padre tatuado) o hablando en un lenguaje que los jóvenes no comparten, como el llamar East Side Park al lugar que los muchachos conocen como Paranoid Park. Pero opacidad también de los actos y sus motivaciones, que se disuelven en el trance de Álex y el acceso a otro nivel de su conciencia.

Porque de eso trata "Paranoid Park", del acceso a otra dimensión de una conciencia tironeada por asuntos diversos: la separación de los padres del muchacho, la exigencia erótica de una amiga, el incidente con el guardia de seguridad del tren, la convicción de Álex de que hay niveles distintos de experiencia, superiores a los de la vida cotidiana. Los golpes que recibe Álex no lo hacen más maduro, en el sentido de más responsable, más ajustado al mundo o más sensato, pero sí lo transforman, convirtiéndolo en un personaje flotante, silencioso, introspectivo, cercano a la cualidad que tenían los ángeles en la primera parte de "Las alas del deseo" o "El cielo sobre Berlín", de Wim Wenders.

Es decir, se convierte en testigo callado y observador de las formas y sensaciones de un mundo que aparece como un flujo continuo de trayectorias y movimientos muy sensuales, que se aceleran y desaceleran, apareciendo con texturas diversas, en imágenes granuladas y otras límpidas, como si fueran producto de progresivos ajustes de una mirada en curso de hacerse más precisa y certera. Mientras crecen las posibilidades de descubrimiento del crimen culposo, más aéreo parece Álex, que recuerda, observa o imagina las trayectorias de los patines, su liso transcurrir, la realidad de ese parque convertido en refugio mental. Las imágenes de los 'skaters', de acciones precisas, gestos perfectos y cuerpos entrenados, se oponen en su memoria a las del otro cuerpo, la del guardián ferroviario, partido en dos, pesado, agónico, incapaz de moverse. Cuanto más insistente es la imagen cuerpo a tierra del moribundo, más cercano se siente Álex a las cualidades ingrávidas y aladas de los patinadores. Como un ángel reconociendo a sus semejantes.

Así como las imágenes del parque son parte de un paisaje alucinado, también lo es la banda sonora, de una riqueza formidable. No solo porque la música forma un texto denso, que mezcla referencias múltiples, sino porque la voz y los ruidos, amplificados, en ecos, o atenuados por momentos, dan cuenta de un mundo que se vuelve mental, interno, refractario a las demandas de fuera.

Es imposible dejar de men-cionar el costado homosexual del filme. No solo por la fascinación que siente Gus Van Sant por la presencia de los cuerpos de sus personajes, sino por las insinuaciones acerca del sentido de la noche en el tren y el accidente que lo frustra todo. Acaso para Van Sant ese deseo homosexual, o su fantasía abortada, es también una vía de acceso hacia el nuevo estado de conciencia de Álex. Todo es así en esta película, plagada de indicios antes que de certezas.

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