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ENTREVISTA. UN HÉROE COLOMBIANO

El guardián de los secuestrados

El cabo William Pérez estuvo diez años y cuatro meses cautivo por las FARC. Hizo de enfermero hasta de sus captores y protegió a Ingrid Betancourt en el peor momento

Por Susan Abad. Corresponsal

BOGOTÁ. Diez años y cuatro meses secuestrado, en condiciones infrahumanas en la selva de Colombia, no le han arrebatado al cabo del ejército William Pérez su calidez y ganas de vivir.

Sonriente, sin temor a mostrar los flamantes 'brackets' y luciendo un impecable uniforme, deja, con reticencia, de navegar en Internet e inicia una conversación con El Comercio. Se devuelve 14 años en el tiempo, cuando en su desértica y calurosa Rioacha, en la Guajira, terminaba la secundaria. "Ingresé al ejército porque me daba la oportunidad, en poco tiempo, de poder tener un sueldo y poder ayudar a mi familia", recuerda.

"Inicialmente, quería ser soldado, pero tuve la oportunidad de hacer un curso profesional. No sabía que había la posibilidad de ser enfermero, hasta que, en la primera semana en el batallón, llegaron los de Sanidad Militar y nos explicaron en qué consistía. Era una muy buena oportunidad porque te traían a estudiar a Bogotá. Eso me ilusionó. Es la única especialidad en que te dan año y medio pagándote para que estudies".

Y como enfermero llegó hasta la base militar El Billar, en Caquetá: "Era el 2 de marzo de 1998, iba a bañarme cuando los terroristas (de las FARC) empezaron a lanzarnos cilindros de gas. Yo corrí a donde estaban mis soldados y recogí mi equipo médico. Al ratico empecé a atender a los primeros heridos". La resistencia fue feroz: 65 militares murieron y, tras 26 horas de combate, Pérez y 42 de sus compañeros fueron sacados de sus trincheras e internados en la selva.

DURO CAUTIVERIO
"Los primeros años de cautiverio estuve con militares y policías encerrado en una jaula, hasta que en el 2001 --no recuerdo las fechas porque prefería no contar los días de secuestro-- nos separaron a los que teníamos rango y liberaron a los otros", dice refiriéndose a junio de ese año cuando las FARC entregaron unilateralmente a 242 soldados y policías.

Pérez no recuerda con precisión cuándo llegaron al campamento los que él llama "los civiles", pero lo que vive muy claro en su memoria son las veces que los socorrió. "No puedo olvidar el día en el que al doctor Alan Jara le dio un paludismo cerebral. Esto coincidió con la muerte de su mamá. Estuvo muy mal", cuenta.

ENFERMAR EN LA SELVA
Asimismo, Pérez recuerda aquella vez en que el ejército bombardeó un campamento cercano al de ellos. "Todos nos asustamos, sabíamos que los terroristas tenían orden de asesinarnos si las fuerzas militares intentaban un rescate y el saberlos tan cerca le causó una trombosis al doctor (Orlando) Beltrán. Se le paralizó medio cuerpo y en la desesperación yo le hacía masajes. Gracias a Dios, en tres semanas pudo hablar y caminar otra vez".

Otro de sus pacientes a quien recuerda con nostalgia es al capitán Julián Guevara, quien murió en febrero del 2006, tras siete años de cautiverio y cuyo cuerpo aún no ha sido devuelto por las FARC. "Le daban ataques epilépticos", rememora. "Lo atendí varias veces, pero cuando murió yo no estaba con él. Me habían separado en otro grupo. Yo creo que si quizá yo hubiera estado con él lo hubiera podido ayudar".

"Al doctor Luis Eladio lo saqué de tres infartos. Unos 20 días antes de que lo liberaran le iban a cortar la pierna porque es diabético y le dio una infección en un pie. Un día me preguntaron si podía atender a un compañero y me llevaron en un bote. Se trataba de Luis Eladio, que tenía un absceso lleno de pus. Querían que le cortara la pierna. Les dije que eso no era necesario y le coloqué antibióticos y le rajé y le hice una pequeña cirugía. Como a los 10 días ya estaba bastante mejor. Unos días después se lo llevaron para liberarlo".

PROTECTOR DE INGRID
Pero a quien protegió hasta el momento de su liberación fue a Ingrid Betancourt. "Tuvo una fuerte hepatitis que la mantenía muy débil. La llevaba hasta el lugar donde nos bañábamos porque no podía caminar, cada diez pasos descansaba y casi la cargaba para sacarla del lugar. Traía en mi equipo unos plásticos para cubrirla mientras se cambiaba y para que hiciera sus necesidades".

"Uno es soldado y está acostumbrado a sufrir, pero ella es una mujer civil a la que no le ha faltado nada. Hubo un momento en el que se deprimió tanto que decía que se quería morir. Estaba muy deshidratada, había dejado de comer. Yo le daba la comida por cucharadas, como a los niños, le decía: una por Melanie, una por Lorenzo y así lograba que comiera algo. Comencé a hidratarla y colocarle sueros. En la foto que vieron de Ingrid, que dio la vuelta al mundo, ella ya estaba mejor".

Su labor humanitaria no se limitaba a sus compañeros. El que se había convertido en el ángel de la guarda de los secuestrados también socorría a sus secuestradores. "Les curaba heridas, les arreglaba luxaciones. 'Gafas' --que fue capturado en la operación Jaque-- estuvo tres veces a punto de morir. Cuando se asfixiaba con el asma, me quitaban la cadena para ir a atenderlo".

Nunca se le ocurrió recetarle un medicamento que matara a sus enemigos porque "sería actuar igual que ellos". "Primero por mi ética de enfermero y luego por el respeto a los derechos humanos. El respeto a estos derechos es la esencia del buen soldado", afirma.

Otra cosa que no se le pasó por la mente fue huir. "Yo no podía irme porque era necesario para mis compañeros. Volarme podía significar la muerte para algunos". El rescate lo sorprendió protegiendo a Ingrid, quien públicamente le agradeció que le hubiera salvado la vida.

Hoy, tres meses después de vivir en libertad, revela que ha perdido diez kilos "porque no me provoca comer" y dice que no se acostumbra a ser entrevistado. Está sorprendido por Internet y las laptops. "Se me va el tiempo en Internet. A raíz de las entrevistas abrí mi correo y Facebook. Me mandan muchos mensajes".

Hay un solo dolor del que aún no se repone: la muerte de su padre 44 días antes de su libertad. Mientras tanto, estudia francés y decide si acepta el ofrecimiento del Gobierno de Francia de estudiar medicina en La Sorbona. "No se si algún día seré médico, pero siempre seré soldado".

SEPA MÁS
4El cabo William Pérez fue rescatado, junto con Ingrid Betancourt, diez militares y tres estadounidenses, el 2 de julio en la operación Jaque.
4La semana pasada se le otorgó el Premio Nacional de Paz, en reconocimiento a su solidaridad y vocación de servicio.

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