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REPORTAJE. ARTE Y POLÍTICA EN CHINA

La nueva revolución cultural

Al igual que la economía china, las obras artísticas que provienen del gigante asiático han multiplicado su valor. El Gobierno saca provecho, pero también ha relajado su censura

Por Patricia Castro Obando. Corresponsal

BEIJING. A cientos de miles de kilómetros de China, 150 galerías seleccionadas de todo el mundo convergieron en Londres en la Feria Frieze para intentar demostrar que pueden resistir a la crisis financiera mundial y poner sus obras en subasta, su esperado telón de fondo.

En esa misma ciudad, la nueva colección de arte contemporáneo chino de Charles Saatchi, "The Revolution Continues: New Art From China", ya no tiene que probarle nada al planeta. Las piezas de 30 artistas chinos que fueron adquiridas en los últimos tres años por el coleccionista continúan valorizándose.

Fue precisamente Saatchi quien despertó el interés de Frances Wu, historiadora de arte peruana, de venir a China. "Hace un par de años me enteré de que Saatchi había pagado alrededor de 1'400.000 dólares por un cuadro del artista chino Zhao Xiaogang. Considerado uno de los coleccionistas más influyentes en el medio, había entrado tarde al 'boom' del arte chino", recuerda.

De orígenes chinos, a Frances no solo le atraía presenciar el auge comercial del arte chino sino entender el contexto de su creación. Así que tomó su maleta, viajó a Beijing y se inscribió en un curso de mandarín. Por un año recorrió talleres, estudios, galerías, museos y ferias que la situaron en el mismo ojo de la tormenta. Su mirada crítica tiene la particularidad de enfocar desde adentro.

El precio que pagó Saatchi es apenas un referente de lo que sucede en este mercado asiático. En el 2006, las prestigiosas casas de subasta Sotheby's y Christie's vendieron arte asiático --mayormente chino-- por un valor de 190 millones de dólares, fijando un nuevo récord en Nueva York, Londres y Hong Kong. Apenas dos años antes, las dos firmas habían sumado ventas en el mismo rubro por 22 millones de dólares. Tanto Sotheby's como Christie's han abierto una división dedicada exclusivamente al arte chino contemporáneo.

Al mismo ritmo de la economía china, los precios han continuado su meteórico ascenso. En una subasta realizada en noviembre del año pasado en Beijing, una pintura de Liu Xiaodong fue vendida a un empresario chino por 2'700.000 dólares. En febrero de este año, en Londres, la casa Sotheby's subastó una pieza de Zhang Xiaogang por la suma de 3'300.000 dólares. Pero el récord entre los chinos lo tiene Cai Guoqiang con 8'500.000 dólares por una de sus piezas. En los últimos cinco años el valor de las obras chinas se ha elevado 400%.

LOS INICIOS
El arte chino que brilla como fuegos artificiales ha elevado a un grupo de artistas experimentales que creció durante la Revolución Cultural. Este movimiento fue conocido como La Nueva Corriente del 85 y marcó el inicio del arte contemporáneo en China. Su éxito se debe tanto a la apertura del país como al descubrimiento del potencial chino por parte de Occidente.

Desde entonces dos tendencias han señalado el camino: el pop político y el llamado realismo cínico. Ambas representan el arte contemporáneo chino en el mercado internacional. "Hay una reevaluación por un pasado histórico y una rica tradición cultural bajo un ojo crítico, un voraz apetito por el arte occidental que a veces es ingerido sin una selección, un testimonio de las transformaciones físicas del medio urbano", describe Frances.

En suma, el arte es el espejo de las transformaciones y cambios frenéticos de un país que crece a una velocidad de pánico. La industria artística se ha expandido exponencialmente disparando los precios en el mercado. Como ningún otro medio, representa las contradicciones de China y se mueve tan rápido porque está construyendo el futuro de esta nación.

El arte chino ha demostrado que puede ser tan dinámico como caótico. Los precios desmesurados y la proliferación de subastas han despertado un debate en China. Los verdaderos artistas chinos con propuestas extraordinarias --varios del 85-- se impusieron en el mercado internacional y dejaron la puerta abierta a las generaciones posteriores. Sin embargo, así como maestros también hay aprendices que se han valido de la fama que les precedió.

El problema radica en que los jóvenes artistas, espejo de su sociedad, quieren progresar muy rápido y ganar mucho dinero. Antes solo se vendían lienzos, ahora se vende todo. "El mercado internacional está afectando la producción local. Muchos jóvenes quieren ser artistas por las remuneraciones económicas. Se deja de lado la capacidad de crear propuestas artísticas válidas", dice.

Las millonarias ventas inflan artificialmente los precios y alientan a los especuladores a ingresar al mercado. Varios galeristas o compradores pertenecen al sector de los nuevos ricos. Ven en el arte una inversión muy rentable pero carecen de capacidad crítica. "La fiebre por comprar arte chino de moda no ayuda a elevar el nivel. Más bien lo empuja a una espiral estrictamente comercial sin galerías profesionales que lo validen o museos que eduquen", puntualiza.

MANO DEL GOBIERNO
"Los años 80 se caracterizaron por una actitud prepotente del Partido Comunista frente a un arte contemporáneo cada vez más crítico del régimen. Las exposiciones eran cerradas, los galeristas censurados, ciertas obras prohibidas de ser exhibidas, catálogos confiscados y artistas arrestados", describe Frances Wu.

Las reformas económicas y el mercado han cambiado la forma que tenía el régimen chino de entender el arte. "Hoy en día China reconoce que el arte no solo es un producto negociable sino que también puede ejercer una influencia positiva en su imagen de país en el mundo", añade.

El Gobierno tampoco ha quedado al margen de los beneficios económicos que acarrea el arte. El grupo estatal Poly, que controla la industria cultural, entre otras, abrió una casa de subasta en el 2005 y alcanzó utilidades por más de 80 millones de dólares. El año pasado sus ventas fueron de casi 150 millones de dólares.

"Este patrocinio gubernamental que solo busca un provecho económico origina una serie de efectos nocivos en el mercado de arte actual y en su desarrollo. Sin una plataforma articulada o medidas que apoyen directamente el arte por sí mismo, no es posible lograr propuestas de mejor nivel artístico", opina Frances.

Por conveniencia o necesidad, el régimen chino ha empezado a relajar su control sobre el terreno artístico. Sin embargo, el mercado y el interés comercial se están apropiando de este espacio. Si bien la censura continúa --sobre temas y personajes estrictamente políticos-- se sigue bajando la valla. Ya no es el Gobierno sino el mercado el que influye o limita la capacidad creativa de los jóvenes artistas.

Aunque también es cierto que el poder de la censura ha marcado en los artistas chinos fronteras internas tatuando una autocensura. Pero el arte tiene milagrosas capacidades curativas. Puede mejorar el entendimiento entre el artista y su interior, el individuo y la sociedad, el pueblo y el gobierno. Y quizás, entre China y el mundo.

MÁS DATOS
Tercero del ránking
4Según un informe de Art Price, China ya ocupa el tercer puesto en cifras de negocios del mercado artístico, tras Estados Unidos y el Reino Unido.
4Desbancó a Francia y colocó 75 obras durante el 2007 con remates superiores al millón de dólares.
4En la lista de los 100 mejores artistas de arte contemporáneo, una tercera parte de los 50 primeros son chinos.

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