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CRÓNICA. FUNCIONARIOS DE A PIE

Los guardianes de la reconstrucción

Son seis las personas encargadas de vigilar que el dinero que entregó el Estado a los damnificados del sismo del año pasado sea bien invertido. Su tarea no es nada fácil

Por José Rosales Vargas

Quienes los ven a diario en su dura labor los han bautizado como los legionarios, los incorruptibles o los intocables, debido a la disciplinada, honesta y esforzada labor que cumplen al verificar el buen uso de los bonos de seis mil soles que entregó el Gobierno a 27.800 familias damnificadas por el violento sismo de julio del año pasado.

Desde hace cinco meses, estos funcionarios recorren a pie los rincones más apartados de Ica, Pisco, Chincha y Cañete, soportando en muchos casos no solo violentos portazos sino amenazas e insultos constantes. También han sido presa de sospechosos asaltos de las pocas pertenencias que llevan (celular, fichas y algo de dinero).

Como únicas herramientas para cumplir su labor llevan un plano de las zonas donde se entregaron los certificados, una ficha donde anotan la información que les proporcionan los beneficiarios de los bonos y algunas notificaciones con las que comunican a estos de una nueva visita para recabar los recibos y facturas que sustenten la compra de los materiales de construcción.

Algún burócrata del ministerio para el que trabajan se ha olvidado de enviarles las credenciales que los acreditan como supervisores, pero eso no los amilana y, al contrario, mantienen inalterable el entusiasmo y limpia su honradez.

Hace algunas semanas El Comercio fue testigo del trabajo que despliegan los seis supervisores en las zonas afectadas por el sismo y pudo conocer algunas de sus historias. Unas jocosas como la que cuenta Alfredo Ventura, quien en Chincha perdió parte de su pantalón en las fauces de agresivos canes o la que cuenta Dani Gálvez, quien no dudó en llamar y registrar por sus apelativos a algunos habitantes de una peligrosa calle de su puerto natal.

Pero también hay historias de sospechosos robos como el que le ocurrió hace algunos días a Jesús Palomino, supervisor de Ica, quien fue asaltado y retenido durante casi tres horas. "Probablemente fue el momento más tenso de mi vida. No sé quienes fueron y tampoco qué intenciones tenían. Pero no me atemorizan y sigo recorriendo palmo a palmo esta ciudad, confirmando el buen uso de estos bonos", declara.

Aunque los tres afirman que cuando fueron seleccionados les anticiparon que tendrían que recorrer grandes distancias y soportar la indiferencia y negativa de los propios beneficiarios, no estaba estipulado en sus contratos que pasarían estas premuras que, sin embargo, las toman como parte de este difícil oficio.

Ellos, junto con Winston Espinoza en Cañete y Modesto Cuadros; y Jorge Mancilla en Pisco y Chincha, respectivamente, no se amilanan y aseguran que continuarán en esta especie de cuerpo especial de vigilancia que ha permitido descubrir a decenas de damnificados que se hicieron humo luego de hacer efectivo este bono, y a otros que mal utilizaron o vendieron este beneficio otorgado con la contribución de todos los peruanos.

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