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NARRATIVA

Sangre sobre el hielo

"¿Qué pasaba si los judíos terminaban en Alaska? Es la pregunta ucrónica que Chabon formula como disparador de las acciones".

Por Francisco Ángeles

No creo que exista un profesor de historia que no haya tenido que enfrentarse a la siguiente pregunta: ¿Qué hubiera pasado si en lugar de los españoles nos conquistaban los ingleses? La respuesta habitual es que tal suposición no tiene sentido. Seguramente no lo tiene para los historiadores, pero sí para los escritores de ficción atentos a las posibilidades que esas "historias alternativas" pueden ofrecerle. En "El sindicato de policía yiddish", Michael Chabon (Washington, 1965) parte de una premisa curiosa (el Estado de Israel fue disuelto en 1948 y los judíos en masa fueron a parar a la ciudad de Sitka, en un frío rincón de Alaska), y a partir de allí desarrolla una historia tan descabellada como verosímil que llena a la gélida Alaska de sangre, pero también de escenarios y personajes entrañables: ex niños genios, ajedrecistas fanáticos, políticos ambiciosos y fieles que esperan la llegada del Mesías que los lleve de vuelta a los territorios perdidos en el Medio Oriente.

La novela empieza muy en la línea del policial duro, con un tipo con una bala en la cabeza y un detective decadente encargado de resolver el caso. Landsman, el detective, es un alcohólico recién divorciado que, entre sangre y sorbos de whisky, intenta vanamente encontrarle un sentido a su vida. La víctima, por su lado, tiene bastante que ofrecer: mientras avanza la investigación se descubre que detrás de ese crimen aparentemente vulgar se ocultan una serie de conspiraciones, traiciones e intereses políticos y económicos que pueden cambiar el destino de la sociedad. Por ello, "El sindicato de policía yiddish" es en realidad una novela política que utiliza tópicos del policial duro para retratar la complejidad de toda una estructura social. Sin romper los lineamientos del género, Chabon lo trasciende y lo pone a su servicio para reflexionar sobre la religión y la identidad manipuladas por el poder.

La novela funciona sobre todo porque consigue dar vida hasta en su más mínimo detalle a la hipotética Sitka, a su gente y a sus escenarios. Chabon demuestra una insólita maestría con el lenguaje y los describe con tal precisión que pareciera estar observándolos en un video que avanza cuadro por cuadro. Pero no como una fotografía en palabras, sino como una navaja que aparta la corteza y deja al descubierto el aspecto esencial de la persona o lugar que observa, el detalle que condensa el conjunto (un personaje es descrito como un tipo que tiene pinta de leer libros con notas a pie de página). Y cuando los destellos verbales empiezan a causar malestar en los ojos porque se muestran incapaces de dirigir la acción, la mirada del narrador sostiene la novela: Chabon se acerca a sus personajes con una ternura paternal, como si todos sus actos estuvieran justificados y todas sus tragedias fueran menos difíciles de sobrellevar, por lo que resulta imposible no conectarse con sus dramas del pasado y sus esperanzas del presente.

¿Qué pasaba si los judíos terminaban en Alaska? Es la pregunta ucrónica que Chabon formula como disparador de las acciones. "El sindicato de policía yiddish" puede ser la demostración de que, en esencia, las cosas tal vez no hubieran cambiado demasiado si se mantienen inalterables ciertas conductas, sobre todo en las esferas vinculadas al poder. Y esa respuesta llega con una novela quizá no del todo lograda, pero que contiene ciertas escenas, ciertos personajes y escenarios, que difícilmente podremos olvidar. No en vano ha sido rápidamente tentada por la pantalla grande. La tarea ha recaído en los hermanos Coen, así que Chabon y su novela están en buenas manos. Nosotros también.

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