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ANÁLISIS

Torciendo los derechos humanos

Por Farid Kahhat. Analista internacional*

El informe de Human Rights Watch (HRW) sobre el estatus de la democracia en Venezuela nos revela el grado en el cual los derechos humanos se han convertido en nuestro hemisferio en un arma arrojadiza que distintos actores suelen blandir con fines políticos. Así, mientras el presidente Chávez no tiene inconveniente alguno en pronunciarse regularmente sobre los sucesos de la región (como, por ejemplo, acusar de genocida al presidente Bush), se rasga las vestiduras en nombre de la soberanía y el principio de no intervención cuando HRW se pronuncia sobre la situación de los derechos civiles y políticos en su país. Un tipo de escrutinio al que, cabría recordar, su gobierno decidió someterse en forma voluntaria al suscribir en setiembre del 2001 la Carta Democrática Interamericana.

Además, en un maniqueísmo que parece ganar adeptos por doquier, el presidente Chávez acusó a HRW de ser un instrumento del Gobierno de Estados Unidos. Ello pese a ser de conocimiento público el hecho de que HRW no solo no recibe asistencia alguna de ese gobierno, sino que además denuncia sin medias tintas las violaciones a los derechos humanos cometidas por la administración Bush. HRW fue, por ejemplo, la primera entidad en denunciar el secuestro y traslado clandestino de personas hacia distintos lugares del mundo para ser interrogadas bajo tortura.

A su vez, los críticos conservadores de Chávez en el hemisferio prefirieron ignorar en su momento dos acotaciones realizadas por los representantes de HRW al presentar su informe sobre Venezuela: en primer lugar, que el golpe de Estado del 2002 (que la mayoría de ellos respaldó) fue el punto de inflexión en materia de abusos de poder en ese país. En segundo lugar, que en materia de derechos humanos, el statu quo imperante en Cuba y Colombia es aún peor que el de Venezuela. Lo cual contribuye a explicar el mutismo con el que muchos de ellos reciben ahora el informe de HRW que acusa al gobierno de Álvaro Uribe de obstaculizar la investigación judicial sobre los vínculos entre los paramilitares y la política en Colombia (la cual involucra a unos 60 congresistas, entre otros dirigentes políticos, casi todos integrantes de la mayoría oficialista). Aunque claro, viéndolo por el lado amable podría argüirse que en Colombia al menos existe una Corte Suprema de Justicia con la suficiente independencia como para merecer el acoso del poder político.

El Gobierno Colombiano declaró a través de un vocero que, dado que prefiere no especular sobre las motivaciones de HRW, atribuye el contenido de su informe a un problema de "comprensión de lectura" (sic). Ahora bien, quien no comprende lo que lee suele ser considerado un "analfabeto funcional". Salvo, claro está, que los presuntos implicados detenten títulos de posgrado obtenidos en algunas de las mejores universidades de Estados Unidos, en cuyo caso el problema no sería una educación deficiente, sino un intelecto deficiente.

Menos proclive a los eufemismos, un vocero del Gobierno Venezolano dijo de manera explícita lo que el vocero del Gobierno Colombiano insinuó de manera sibilina: que los representantes de Human Rights Watch son unos "imbéciles" (sic).

Y, bueno, puestos a endilgar epítetos, sugiero al lector el siguiente ejercicio: ¿Cómo calificaría usted a un presidente que, de buenas a primeras, decide no solamente esgrimir la peregrina tesis de que el libertador Simón Bolívar murió por envenenamiento, sino que además nombra una comisión oficial para investigar el presunto hecho? Dado que aún pretendo que usted tome en serio esta columna (amén de que carezco del título en Psiquiatría que el diagnóstico en cuestión parece requerir), prefiero no especular al respecto. Aunque confieso que si George W. Bush, Hugo Chávez y Álvaro Uribe pueden ponerse de acuerdo en criticar los reportes que Human Rights Watch emite sobre sus respectivos gobiernos, me siento tentado a concluir que tal unanimidad constituye una prueba inequívoca de que esos reportes están en lo cierto. Pero en lugar de recaer en tan autoindulgente acto de pereza mental, sugiero al lector formarse su propio criterio leyendo esos reportes, los cuales están a su disposición en la página de Internet de esa organización (www.hrw.org).

* Catedrático de la PUCP

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