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ESPECIAL. ¿CORTINA DE HUMO?

Un ángel caído que remeció la fe de Chile

En plena dictadura militar un joven afirmó que hablaba con la Virgen. Hace un mes murió, convertido en travesti, dejando tras de sí muchos devotos

Por Moisés Ávila Roldán. Corresponsal

SANTIAGO DE CHILE. Miguel Ángel Poblete quedó en manos de una cuidadora del Servicio Nacional de Salud un mes y medio después de nacido. Su madre, quien tenía 15 años al momento de traerlo al mundo, no podía mantenerlo. A pesar de ello, para Miguel todo el período que vivió con su madre adoptiva fue el más feliz de su vida. Lamentablemente para él, la felicidad solo le duró nueve años. Ella tuvo que entregarlo a un albergue, ante su falta de recursos económicos.

Corría 1975, y la vida de este muchacho iba de tumbo en tumbo, y de albergue en albergue. Hasta que finalmente, en 1982, lo aceptaron en el hogar Carlos Van Buren de Villa Alemana, en Valparaíso. El ambiente, sin embargo, siempre fue de desamparo.

Un año después, el 12 de junio de 1983, Miguel Ángel subió al cerro El Membrillar --que también era conocido como cerro La Virgen-- con dos amigos. Era común que muchos jóvenes de la zona se refugiaran allí para aspirar neoprén (terokal).

Él asegura que no lo hizo, pero que sus acompañantes sí. Molesto con ellos --cuenta-- porque lo engañaron, se apartó por un rato entre los árboles. De pronto, una luz lo interrumpió. Miguel Ángel intentó correr, pero una voz lo detuvo y lo llamó por su nombre. Era, supuestamente, una mujer que llevaba sobre los hombros un manto azul y un velo blanco en la cabeza. Tenía un rosario en la cintura. Ese fue el primer contacto que habría tenido Miguel Ángel con la Virgen María.

La noticia pasó del albergue a los catequistas, de los catequistas a las señoras del pueblo y a los sacerdotes, y de los sacerdotes a las más altas esferas de la Iglesia. Para el mes de setiembre de ese año, unas 100 mil personas se agolpaban en el cerro para ver a Miguel Ángel y escuchar las conversaciones y los mensajes que supuestamente entregaba la Virgen a través de él. En ellos, el 'vidente' presuntamente entraba en éxtasis, quedaba lleno de estigmas y hasta recibía la 'comunión celestial' que era traída por los ángeles.

Tanto así, que se armó un santuario en el lugar y se empezaron a celebrar misas, a las que asistía gente, no solo de Chile sino también peruanos, argentinos y ecuatorianos, así como devotos que llegaban desde Norteamérica y de Europa.

LA DAMA BLANCA DE LA PAZ
Así empezó la devoción a la denominada Virgen de Peñablanca, la Dama Blanca de la Paz --como supuestamente pidió que la llamaran-- o la Virgen de las Siete Estrellas, debido a cómo se le representa en las imágenes.

Sus devotos cuentan entre 480 y 500 apariciones, seguidas de fenómenos extraños que la gente que asistía al cerro afirma que sucedieron, tales como la visualización en el cielo de imágenes formadas por las nubes, en las que se apreciaría a la Virgen, a Jesucristo, al ictus (pez) o a la paloma que representa el Espíritu Santo.

También hay fotografías en las que se observa a Miguel Ángel 'recibiendo' hostias ensangrentadas, u otras tomadas con una cámara por él mismo en las que, al revelarse, apareció la imagen de una Virgen nunca vista antes.

La devoción caló hondo y se formaron severos defensores del culto. Paralelamente, eran días difíciles para Chile. El régimen militar de Augusto Pinochet atravesaba una de sus peores crisis políticas y económicas. Y si bien algunos sacerdotes apoyaban de manera aislada la veneración, la Iglesia aún no se pronunciaba sobre las apariciones.

¿MILAGRO O TRUCO?
Aunque hubo sacerdotes que dieron fe de haber estado junto a Miguel Ángel en momentos claves de la aparición (como el padre Miguel Contardo, jesuita en ese momento), el entonces obispo de Valparaíso, Francisco de Borja Valenzuela, encargó en abril de 1984 una investigación al padre Jaime Fernández Montero, experto en mariología. No pasó mucho tiempo para que este asegurara que allí no había nada sobrenatural.

Una nueva comisión, formada por cinco expertos de la Universidad Católica de Valparaíso, diría cuatro meses después: "El origen de todo este asunto, en la medida que resulta posible de ser investigado, lleva a pensar en un montaje, en parte, inconsciente y en parte deliberado y programado, ya sea por el mismo pretendido vidente o por terceras personas".

Entre las cosas curiosas que se recuerdan, eran las supuestas órdenes que, a través de Miguel Ángel, daba la Virgen a sus devotos que se congregaban en Peñablanca. "La Virgen dice que coman tierra", "la Señora dice que tenemos una hora para almorzar", "la Señora dice que podemos ir a mear", entre otras disposiciones que resultaban desconcertantes.

A esto se suma que el propio sacerdote Fernández dijo en repetidas ocasiones que "un organismo" del Estado montó las apariciones, y que además "preparaba humitos" para hacerlas más reales. Incluso que, aprovechándose de su inocencia e ignorancia, Miguel Ángel era aleccionado respecto de los diálogos que tenía que mantener durante las supuestas apariciones. Además, afirmó que las figuras en el cielo eran hechas por aeronaves de la Armada.

La prensa chilena aseguró, en su momento, que este sacerdote fue incluso amenazado de muerte y perseguido por sus indagaciones. Todos los indicios apuntaron a la Central Nacional de Inteligencia (CNI) de la dictadura.

A esto se suman las informaciones de la época que daban cuenta de que los devotos eran transportados por buses militares hasta Peñablanca, y que las Fuerzas Armadas refaccionaron el camino que conducía hasta el lugar exacto de las visiones.

Una situación curiosa se produjo en 1986, cuando el 'vidente' aseguró que la Virgen le había dicho que el entonces gobernante Augusto Pinochet iba a sufrir un atentado, cosa que ocurrió. Su escolta fue interceptada por un comando guerrillero. En el impacto que sufrió el vidrio de su vehículo, algunos creyeron ver el rostro de la Virgen.

A pesar de los cuestionamientos, la devoción traspasó fronteras y hoy tiene seguidores incluso en el Perú. La imagen de la Virgen se ubica en un parque de Barranco.

Pero, desde fines del año 90, Miguel Ángel ya no fue más Miguel Ángel. Convertido en travesti, cambió su nombre al de Karol Romanoff, una mujer que decía descender de los zares rusos. Alcohólico hasta más no poder, aseguraba que aún seguía conversando con la Virgen. Recientemente fue internado de gravedad en el hospital por una hemorragia interna, producto de la cirrosis hepática que le aquejaba. Falleció el pasado 27 de setiembre y se llevó consigo todas las dudas y secretos.

Misas autorizadas en Peñablanca
Más allá de la certeza o no de las apariciones, la Iglesia Católica consideró necesario autorizar la realización de misas en el santuario de Peñablanca, debido a la cantidad de fieles católicos, pero prohibiendo toda mención a la aparición. El encargado de autorizar las celebraciones eucarísticas en el lugar era el entonces cardenal Joseph Ratzinger, actual papa Benedicto XVI.

Antes de morir, Miguel Ángel formó la asociación Apóstoles de los Últimos Tiempos Internacional, que se encarga de difundir la devoción a la Virgen. La integran unas 200 personas, la mayoría de ellas de la tercera edad.

También hay un grupo de devotos que se separó de Poblete, cuando este se hizo travesti. En ambos casos dicen que no se trata de sectas, que son católicos con una devoción adicional que la Iglesia no admite.

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